La
transparencia se ha vuelto un valor absolutamente preciado en los
tiempos que corren. Tiempos de desconfianza justificada dados los casos
de corrupción y falta de probidad en los más diversos ámbitos con que
nos desayunamos a diario. Y de falta de confianza condicionada, como
vemos en las redes sociales, donde cualquier buena acción humana –un
gesto noble, una donación generosa, un apoyo desinteresado, una
iniciativa solidaria– puede ser descalificada desde el rumor, la mala
intención, el sarcasmo, la teoría conspirativa.
¿Qué
han hecho con las platas de la campaña televisiva por los damnificados
de los incendios de febrero en Viña del Mar?, dicen los justicieros de
la web a la vista de las penurias que representan los fríos extremos y
las lluvias y las temperaturas históricamente bajas que muestran los
noticieros. Y no faltan los que especulan desde la desconfianza
condicionada, haciendo acusaciones al voleo, tan injustas como los daños
colaterales que dejó el caso conocido como convenios o fundaciones en
muchas oenegés que llevamos años trabajando en el ámbito social,
rindiendo cada peso recibido.
Malversar
fondos, engañar, definitivamente robar, cuando se trata de
organizaciones cuya causa es mejorar las condiciones de vida de los más
pobres, no sólo es delito, sino que es pecado. Así solía decir una
antecesora mía. Y tenía toda la razón, seas o no cristiano, compartas o
no la idea religiosa de pecado.
Cómo
no va a ser pecado ofrecer cursos de capacitación a jefas de hogar de
extrema pobreza y entregar una pantomima de enseñanza. ¿O cuatro baldes
con arena para prevenir incendios en campamentos paupérrimos? ¿O
distribución de agua en asentamientos precarios más cara que la con que
ya contaban? ¿O capacitación a niños para el manejo de la violencia?
Lo que violenta es seguir con los ejemplos.
El
16 de junio de 2023, el medio digital Timeline reveló que en dos meses
la fundación Democracia Viva se había adjudicado 426 millones de pesos
en convenios con la Seremi de Vivienda de Antofagasta. Y la bola de
nieve, que se destapó en el desierto empezó a rodar desde el norte hasta
el sur del país.
¿En
qué van las investigaciones a un año y casi un mes del escándalo?
¿Pagarán los pecadores? ¿O el caso seguirá dificultando la tarea de las
organizaciones que llevamos décadas trabajando por los más necesitados,
dando pruebas concretas de experticia, eficiencia y transparencia?
El
impacto que tuvo el caso sobre la imagen de las fundaciones fue parejo.
No distinguió entre justos y pecadores. Todos pagamos el pato. ¿Lo
positivo? Que los que hacemos bien la pega confirmamos que la
transparencia es lo único que nos resguarda de la desconfianza. Que
debemos seguir avanzado en prácticas que no permitan ningún rincón de
opacidad en nuestra gestión.
En
2012, el Hogar de Cristo solicitó que el Consejo para la Transparencia
analizara nuestra manera de operar y nos hiciera recomendaciones para
mejorar nuestros estándares de calidad en la materia. Al año, siguiente,
fueron puestas en marcha y, desde entonces, las hemos ido cumpliendo a
rajatabla y perfeccionando. El Caso Convenios no sirvió para ver que en
materia de postulaciones, rendiciones, cumplimiento de plazos, nuestros
estándares están a la vanguardia, aunque siempre se puede y se debe
seguir mejorando.
La
cuenta pública, con la publicación de los datos detallados de toda
nuestra gestión en una Memoria Anual, que este 2024 haremos este 11 de
julio, forma parte de esos estándares. También la actualización semanal
de cómo se han utilizado los recursos obtenidos en la campaña de
recursos a favor de los damnificados en los incendios de febrero en los
cerros de Viña del Mar. Nosotros hemos habilitado interiormente
viviendas de emergencia, entregado kits de protección y construcción,
apoyado a 500 familias con asistencia de primera respuesta sicosocial.
Todo el detalle está publicado y se puede consultar en nuestro sitio
web. Los invitamos a todos a visitar esos números y esos logros.
A un año del escándalo de los Convenios, sirve una frase sabia: lo que no te mata, te fortalece.
En
el año en que el Hogar de Cristo cumple 80 años, trabajando por y junto
a los más pobres de Chile, seguimos contando con la confianza de los
chilenos de corazón generoso a los que apeló Alberto Hurtado. Y eso se
debe a que hace décadas descubrimos que la transparencia es el gran
antídoto contra la desconfianza.