¿Cómo?
Como si todo fuera un juego, un juego de varias manos, esta mano ya
tiene una parte tirada. ¿A qué me refiero? A que ya sabemos, ya se
conocen nombres y más nombres, unos definidos antes, 24, y los otros
definidos recién hace unas horas, de alguna nueva (no tan nueva) manera.
Así, diríamos, una vez más, “Alea iacta est!” Sí, la suerte está
echada, las cartas están tiradas, una vez más.
Alea
iacta est! Todo paso dado a título individual importa, o así debemos
saberlo, esta vez, una toma de decisiones no menos importante sino
trascendente. Todo lo que viene a continuación, o como reacción es
debido a lo que decimos, o decidimos. Es el modo de plantarnos en un
entorno comunitario, de dos o más integrantes, ahora de poco más de
diecinueve millones de habitantes de nuestro flaco y estirado
territorio; hum, ya no sé si decir país.
Nuevamente
nos disponemos a debatir, a dialogar, reflexionar qué es lo mejor, qué
es lo mejor para un próximo tiempo. ¿Diagnósticos?, muchos, de variada
fuente, y podríamos afirmar que son poco más de diecinueve millones de
diagnósticos, y también misma cantidad de directores de orquesta.
Y
serán seis meses de debate, de estudio, de lecturas, de propuestas, de
contrapropuestas, de borradores sobre borradores, de ideas versus otras
ideas, de dimes y diretes, también.
¿Qué esperamos?
Consensos, acuerdos solemnes, con apretones de manos, no con ceños
fruncidos. Es que no se trata de parches, de tapagoteras, sino de bases,
de mínimos trascendentes, edificantes, ni más ni menos.
Antes
eran, fueron 155, ahora serán 51. Y los observaremos, los escucharemos,
los leeremos, los acompañaremos. No tienen por qué saberlo todo y si
preguntan, si nos preguntan (no es malo preguntar), les diremos nuestro
parecer.
Alea
iacta est! La suerte está echada, ya no hay vuelta atrás, una vez más;
no hay espacio para errores no forzados. Está claro, no hay obra humana
perfecta ni completa, no obstante, el debate ya es de muy larga data, no
hay espacio para improvisar ni invocar una luz divina. Dialogar,
dialogar, dialogar es la receta. Y el resultado no debe ser calculado ni
cortoplacista. Ojalá, ojalá, sea con miradas a lontananza, al
por-venir.
Insisto que debe haber espacio a principios éticos, a, al menos, una veintena de ellos. Los nombro una vez
más. Respeto por la dignidad humana, derecho universal a la educación,
preservación de la paz, desarrollo social sostenible, acceso universal a
la salud, derecho a un medioambiente sano, derechos humanos
interdependientes, derecho a la vida, a la supervivencia y al
desarrollo, derecho a la vivienda, derecho al trabajo, derechos de los
niños, niñas y adolescentes, derechos de las personas mayores, derechos
de los pueblos originarios, derechos humanos de las mujeres, tolerancia y
multietnicidad, igualdad de oportunidades, economía ecológica, justa y
solidaria,… estos principios, los que se desprendan de estos y algunos
cuantos más.
Dios
los ilumine, Dios los cuide a los cincuenta y uno. Les pedimos no
importunarse por nimiedades, no busquen heridas, cicatrices ni yayas en
sus oponentes, si ya están curadas, eso no importa ahora. Es otra la
tarea. Deseemos que sea célebre, magna.
Alea iacta est!