El fiscal regional Cristián Crisosto daba a conocer hace menos de un mes que durante este año la Región de Magallanes y Antártica Chilena está por sobre el promedio nacional en delitos de connotación sexual. La cifra es muy preocupante y lleva a pensar que la salud mental de nuestra población está muy deteriorada para llegar a cometer este tipo de ilícitos.
Para toda la población magallánica esto lleva a un fuerte sentimiento de repudio, pero lamentablemente es la realidad. Cuando afectan a niños y menores de edad, producen angustia, pena y mucho dolor en la comunidad. En la zona más austral del país estamos frente a una realidad que no podemos esconder. Los constantes ataques sexuales a menores nos ponen entre las con mayor cantidad en este tipo de ilícitos y eso nos llena de vergüenza.
Son hechos repudiables, condenables por todo el mundo, pero más aún en el último tiempo nos hemos visto enfrentados a que estos hechos han sido protagonizados por familiares o cercanos a las pequeñas víctimas. Pero ante todo esto, la gente tiene una sensación de incredulidad, al constatar la cantidad de casos que llegan hasta los tribunales, originados en abusos sexuales o violaciones, cometidos contra menores de 14 años. No todos los casos están siendo denunciados, hay hogares donde incluso se esconde este delito pese a que los niños lo relatan.
¿Qué está pasando? Durante el último tiempo hemos visto incremento en los hechos, pero lo condenable pasa porque en muchos casos no se aplica un escarmiento judicial estricto y los culpables siguen cometiendo estos condenables actos. Esto estremece, porque cada uno de nosotros se pone en el caso de los padres de los menores y la sensación es de rechazo.
Las autoridades señalan que esto va de la mano con el aumento del consumo de alcohol, otra enfermedad regional, pero no hay nada que lo justifique. Los atropellos a los menores son despreciables y más aún cuando incluso se comenten puertas adentro.