Mientras
ya se percibe el clima previo a la celebración de las Fiestas Patrias y
el ambiente dieciochero comienza a invadir la ciudad con banderas,
desfiles y conmemoraciones diversas, el bolsillo es el menos contento en
este mes.
Junto
al aumento en las cifras de desempleo y los gastos propios de las
festividades, puede ser un buen momento para abordar uno de los
persistentes desafíos que enfrenta Magallanes y su gente: hablamos del
alto costo de vida y de la conectividad, una problemática compleja y que
afecta directamente a sus habitantes de manera transversal.
El
tema se agrava cuando abordamos los elevados precios de los pasajes
aéreos, a esta altura, sin límites y derechamente por las nubes, con
efectos directos en la economía de los residentes de la región,
limitando su capacidad de movilidad o debiendo absorber altísimos
valores sin mucha justificación.
Frente
al alejamiento de la compañía Jetsmart de la ruta que unía Punta Arenas
con el resto del país dejando menos opciones para viajar, el escenario
se ha vuelto bastante más difícil para los pasajeros.
En
un contexto de aumento del índice de desempleo, sumado al alto costo de
los bienes y servicios, lamentablemente ya no sorprende tanto encontrar
precio de pasajes aéreos a Puerto Montt o Santiago por sobre los 200 o
300 mil pesos.
Probablemente
esta sea una de las causas de la contracción del tráfico aéreo para la
ruta Santiago-Punta Arenas durante julio, que pasó de transportar a
54.886 pasajeros en 2023, a 47.577 este año, es decir, con una variación
de -13,3 por ciento, de acuerdo con la información publicada por la
Junta Aeronáutica Civil dependiente del Ministerio de Transportes y
Telecomunicaciones.
La
falta de competencia y el elevado e inexplicable costo de viajar, no
solo atenta contra quienes quieren o deben por fuerza mayor trasladarse a
otra región del país, también golpea a la propia economía local
desincentivando por ejemplo el turismo y nuevamente, empujando al alza
el precio de alimentos o productos básicos que deben ser traídos desde
otros puntos del territorio nacional, y que como ya sabemos, los
encontramos aquí, con porcentajes promedio bastante más altos que otros
lugares.
Si
a los antecedentes de, el aumento de la desocupación, baja en ventas de
supermercados, en pernoctaciones, y caída brusca de las exportaciones y
de desembarque pesquero, -22,7% y -28,3% respectivamente, según datos
conocidos y proporcionados por el INE, el pronóstico general no es muy
alentador, y bastante menos para los que pretender viajar o pretender
planificar un viaje fuera de la región.
Las
cifras son suficientemente duras como para abordar la situación de
manera seria y responsable. Resulta necesario enfrentar el tema con la
ciudadanía, debatir, discutir y reflexionar sobre el presente y el
futuro de vivir en regiones como Magallanes.
En
este diálogo, es urgente que el Estado chileno asuma un rol mucho más
activo para enfrentar el desafío enorme que tenemos por delante.
Subsidios o no, conversaciones con empresarios y políticas públicas
nuevas son necesarias para remediar las necesidades de las zonas
extremas, como la de reducir considerablemente el costo del transporte
aéreo.
Más,
nuevas y mejores propuestas se requieren con celeridad, al igual como
seguir planteando el tema y que no se agote aquí. Ese es el desafío.