La reflexión y la autocrítica, siempre es necesario en todos los aspectos de la vida y por supuesto en política. Fue en plena dictadura, en los tiempos más oscuros de nuestro país, que grandes figuras de la centro izquierda e izquierda, se agruparon e iniciaron un proceso de autorreflexión para aprender de los errores del proyecto político país antes de que Pinochet rompiera la democracia.
El pensamiento propio, la resiliencia ideológica, los llevó y catapultó a la creación del conglomerado más exitoso de nuestra historia republicana -hasta ahora-: la concertación. Esto no nos debería sorprender, porque a lo largo del tiempo, las figuras de la centro izquierda en Chile, más allá de las luces y sombras, siempre han centralizado la política al realismo, al crecimiento y que se ha graficado en grandes políticas públicas en sus gobiernos desde el retorno a la democracia.
La derecha, no está exenta al proceso de reflexión. Hoy hablamos de “las derechas”, y cuando llegaron por segunda vez a La Moneda, más allá del excel con números, lo hicieron comprometiéndose con un plan especial para la clase media. Hoy, en el actual proceso constitucional, son ellos quienes instalaron un Estado Social de Derecho, con progresividad y responsabilidad fiscal. Han sido capaces de instalar en su discurso los derechos sociales.
¿Pero qué pasa en la actual izquierda de este país? ¿Qué pasa con el PC y el Frente Amplio? Estamos ad portas de conmemorar el cuarto aniversario del 18 de octubre. El estallido social tiene dos hebras: la primera es la manifestación pacífica y la relevancia de demandas históricas por parte de un grupo transversal de ciudadanos, que, cansados de la institucionalidad, hicieron un llamado de alerta. La segunda, un espiral de violencia inusitado que aún no se sabe de quien vino. Una apología a la “primera línea”. ¿Y lo peor? Fue que un sector de la política, los mismos que hoy nos gobiernan, validaron la violencia como método de acción.
Hace muy poco tuvimos grandes reflexiones sobre lo que fue el 11 de septiembre de 1973. ¿Serán capaces en la izquierda de hacer una autocrítica de cómo actuaron en uno de los momentos más complicados de las últimas décadas en Chile, como fue el estallido? No hay que olvidar que intentaron hacer caer a un presidente electo democráticamente con dos acusaciones constitucionales, que los expertos tildaron de injusta. Dijeron públicamente que el presidente en ejercicio no debía estar más en el cargo. Presentaron la misma herramienta contra diversos ministros de Estado, en acusaciones que ni siquiera cumplían los requisitos mínimos. No solo se sumaron al discurso más polarizante del momento, también decidieron convertirse, por lejos, en la oposición más obstruccionista desde el retorno a la democracia, rechazando cualquier proyecto político que no se acercaba a su ideología y también dando cátedra en el parlamento sobre presentación de proyectos populistas. A eso hay que sumar el fallido trabajo de la Convención Constitucional.
Uno esperaría que siguieran el ejemplo de la centro izquierda y la derecha, para que reflexionen y hagan una autocrítica de cuánto colaboraron en el clima de polarización e inestabilidad que tiene Chile. En el presente, el unilateralismo y fanatismo por la ideología, no tiene relación con el hecho de establecer iniciativas de mayoría en el país.