Antofagasta: Crisis de agua y desolación de una ciudad

En
los últimos días la ciudad de Antofagasta ha sufrido una aguda crisis
de agua que ha venido a visibilizar una vez más la desolación, abandono y
relegación que sufren las regiones con relación a urgencias sanitarias,
si aquello sucediera en Santiago, probablemente los mecanismos serían
distintos y el tratamiento de la catástrofe tendría otro accionar. A su
vez, el problema de agua que ha experimentado la ciudad nortina desde el
domingo, sin duda, ha venido a problematizar las herramientas a nivel
país que tenemos, claro, si es que efectivamente las tenemos. Por tanto,
mi columna de la semana se titula “Antofagasta: Crisis de agua y
desolación de una ciudad”.

Primero,
alrededor de 70.000 habitantes de la ciudad de Antofagasta se vieron
afectados y sin soluciones dada una profunda crisis sanitaria, aquello,
producto de la planta Desaladora Norte de Aguas Antofagasta, ubicada en
La Chimba, cuya entidad sufrió una falla por trabajos desarrollados.
Cabe señalar que, la ciudad que vive el contexto de emergencia es
considerada la capital minera del mundo por su nivel de producción. Dado
lo anterior, el Municipio suspendió las clases en los colegios y se
tomó la determinación de limitar servicios públicos como salud,
ceremonias de cierres de año y buena parte del comercio gastronómico.
Desde el domingo Senapred activó sus protocolos y decretó Alerta
Amarilla para la ciudad. Ante esto, la delegada presidencial de la
región, Karen Behrens, declaró a radio ADN que esto es una “negligencia
inexcusable por parte de contratistas de la empresa Aguas Antofagasta
(…) una retroexcavadora, haciendo trabajos de otro tipo, hizo este daño
en la línea. Ese es el tema y esa era la forma de abastecer la planta”.

Segundo,
los aprovechamientos del mercado no se han hecho esperar, ya que largas
filas de personas en busca de agua embotellada divisaron un alza
considerable en su precio. Sobre esto, y en conversación con el matinal
de CHV, el alcalde de Antofagasta señaló que “esto es un aprovechamiento
con la desesperación de la gente. Me han contado que, en algunas
partes, las botellas de $500 y $1.000 ya superaron el valor de $10.000”.
Así también El Desconcierto ha dicho que “hay que destacar que el
consumo de agua embotellada en Antofagasta es parte del gasto mensual de
la mayoría de las familias debido a los altos niveles de arsénico que
ha caracterizado el suministro de agua potable antes de la instalación
de la planta desalinizadora hoy averiada. Los valores de las recargas de
los bidones de 20 litros varían entre los $2.500 y los $5.500 en
tiempos normales”, por ende, una problemática que va en ascenso y espera
tener un fin a la brevedad con solidez en la reparación
correspondiente.

Tercero,
el gobierno del presidente Gabriel Boric dispuso el envío, a través de
la FACH, de un avión con 34 mil litros de agua embotellada para la
ciudad de Antofagasta. Ahora bien, esto no es un regalo del Estado, sino
más bien una donación que hizo el empresario Andrónico Luksic, quien
mantiene en la ciudad nortina las compañías de Antofagasta Minerals y
Ferrocarril Antofagasta Bolivia (FCAB). Si bien es cierto, siempre una
donación es motivo de agradecimiento, en esta oportunidad ella cubre un
porcentaje muy débil de la población afectada. Algunos han solicitado
decretar el Estado de Catástrofe para la ciudad, donde las críticas al
gobierno y autoridades respectivas no se han hecho esperar. El medio de
comunicación de la zona antofagastina, Timeline, muestra la crítica del
senador Pedro Araya declarando lo siguiente: “Hemos constatado, en
terreno, una vez más, las falencias del plan que se implementó para
abastecer de agua a la ciudadanía, estanques vacíos y con poca capacidad
es parte del panorama que nos reportan vecinos y vecinas de distintos
sectores, por lo que hemos persistido, con más fuerza aún, en nuestra
petición al gobierno central”. Además, el senador también señaló su
profunda molestia dada la nula presencia de las autoridades c
orrespondientes.
Este dijo lo siguiente: “Hemos constatado que los vecinos y varios
adultos mayores se han apoyado mucho más entre ellos, en algunos casos,
con sus propios recursos, yo espero que las autoridades políticas más
que felicitarse entre ellos, por cómo lo están haciendo, hagan una
autocrítica y den paso a que gente con mayor preparación en logística y
situaciones de emergencia estén al mando de la contingencia”. Tal vez,
estamos frente a un error que cuesta caro, donde los damnificados
esperan un fin rápido, oportuno y eficiente, sin embargo, mientras las
autoridades permanezcan contemplando y no ejecutando, entre paréntesis,
la tónica del problema podría verse en aumento y sin caducidad
transversal a la población antofagastina. De ahí que mi columna de la
semana se titule “Antofagasta: Crisis de agua y desolación de una
ciudad”.

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