Apagón Movistar o la cruel indiferencia de algunos

Uno
de mis recuerdos más trágicos, ocurrió la mañana del 27 de febrero de
2010, cuando tuve que entrevistar a los sobrevivientes del Edificio Alto
Río, derrumbado a raíz del terremoto que devastó el sur de Chile.

Allí,
entre un amasijo de escombros y fierros de construcción retorcidos,
había un hombre dopado por los medicamentos que le habían suministrado.
Hablaba con voz queda, pero llena de odio y rabia, contra los
responsables de haberle arrebatado a su esposa y su hija, fallecidas esa
madrugada en la tragedia. Lo acompañaban algunos de sus amigos y
vecinos, quienes intentaban explicar lo que sentían. De pronto, como uno
solo, todos ellos se giraron y apuntaron a un edificio contiguo, con la
voz desgarrada.

– “¡ Mírelo !, está dañado pero sigue en pie. ¿Cómo esa empresa pudo y la nuestra no?”

Efectivamente.
Las bases de aquel edificio estaban dobladas, pero su estructura blanca
y resplandeciente seguía impecablemente erguida apuntando hacia el
cielo. Al igual que él, más de 70 edificios en Concepción habían sido
dañados… pero sólo uno se había caído.

Claramente,
alguien había hecho las cosas mal y, ocho personas lo pagaron con su
vida. Pero lo que más indignaba a esas personas era que si las reglas
del mercado, del lucro y las normas legales eran las mismas para todos,
¿por qué algunos se daban el lujo de saltárselas poniendo en riesgo a
quienes confiaron sus vidas en ello y otros no?

Este
miércoles, después de muchos años, volví a sentir esa misma rabia e
indignación esta vez entre los magallánicos, luego que la caída de la
señal de la empresa Movistar provocara un verdadero caos entre la
población.

Y
es que no fueron simples molestias, las que provocó la caída de la
señal de telefonía e internet en Magallanes, por más de tres horas,
precisamente.

Fueron
problemas serios, graves, expresados en la pérdida de horas médicas
entre las personas en situación de discapacidad que asisten al Centro de
Rehabilitación Cruz del Sur, alumnos que no pudieron asistir a clases,
bomberos que no podían comunicarse producto de la caída de la señal,
empresas que de pronto se quedaron aisladas y sin poder operar, porque
no podían comunicarse entre sí. La caída de la señal se produjo en el
día más gélido de este año, con temperaturas inferiores a siete grados
bajo cero, en momentos que muchos vehículos como automóviles y camiones
de carga, transitaban a lo largo de las interminables soledades de la
Patagonia invernal de Magallanes. ¿Qué hubiera pasado si alguno de estos
vehículos hubiera sufrido un accidente y no contaba con el servicio de
otra compañía que no fuera Movistar?, ¿cómo se comunican con los
servicios de emergencia?, ¿cómo reciben ayuda?, ¿se hubiera repetido la
escena del comienzo de esta nota, donde quienes contrataron con la
compañía A vivieron y quienes contrataron con la compañía B,
simplemente, fallecieron?, ¿cómo se pude entender eso?, ¿tiene lógica?

Si
la tiene cuesta entenderla, porque resulta muy difícil comprender que
ciertos ejecutivos que viven en Santiago, seguramente ajenos a las
realidades de Magallanes tan difíciles y extremas, pues bien algunos de
esos ejecutivos fueron capaces de entender que en esta apartada región,
donde un problema de comunicación puede ser la diferencia entre la vida y
la muerte, y a pesar de las crueles necesidades que dictan el mercado y
los costos, fueron capaces de creer en la importancia de subirse a ese
carro al futuro que es la Fibra Óptica Austral y otros, en cambio,
sometidos a las mismas exigencias, simplemente dijeron, “mmmm, mejor lo
dejamos para más adelante, estamos ahora ocupados con expandirnos en
Santiago, Rancagua y otros lugares”.

Un
alto ejecutivo de la industria nos dice: “Movistar está operando como
si no hubiera pandemia. Siguen con los mismos planes y no han mostrado
ningún interés en apurarse a conectarse a la fibra óptica”.

Pero
si hay una pandemia en marcha y con ella, las necesidades de
conectividad de los magallánicos, que de por sí son muy altas, ahora se
tornaron inclu
so
angustiantes, como bien lo saben desde hace meses, los alumnos,
profesores y apoderados de Porvenir, quienes no pueden acceder a clases
normales vía online, porque su señal se cae en forma constante o
simplemente, no funciona.

Pero
Porvenir tiene 7 mil habitantes y Punta Arenas poco más de 130 mil.
Quizá comparado con Puente Alto o Maipú, sus cifras son insignificantes,
pero al menos para Claro, Entel y Wom, son lo suficientemente
importantes como para, al menos, contar con algo esencial en estas
circunstancias y que es una red robusta, resiliente como les gusta decir
a los técnicos, que permita enfrentar estos escenarios de caídas de red
con una alternativa. Es lo mínimo que se puede pedir, en estas
circunstancias, lo mínimo que se puede exigir si de verdad se quiere
escuchar a las personas, como tanto se dice en el lenguaje público, pero
que tanto les cuesta a algunos de esos ejecutivos.

Me
resisto a creer que estas personas sean solo máquinas de números sin
sentimientos, ni compasión, por más que tantos otros los caricaturicen
así. Por algo, algunos de ellos dieron el primer paso y ahora, algunos
puntos de la región están avanzando hacia una mejor conectividad. En
estos momentos, por ejemplo, los habitantes de Williams ya cuentan en
sus celulares Entel una mejor señal que muchos de los habitantes de
Punta Arenas de otras compañías.

Pero
ciertamente, duele la indiferencia con que actúan algunos de esos
ejecutivos, especialmente los de Movistar, en las actuales
circunstancias, sobre todo, si se recuerda que esta compañía actúa sobre
la enorme base de clientes e infraestructura que le dejó, en su
momento, Telefónica y antes que ella, la CTC. Es decir, un trabajo ya
hecho.

Sin embargo, mayor tamaño y capacidades debiera significar mayor responsabilidad para entregar un mejor servicio.

Pero
eso no ha ocurrido y como consecuencia, tienen que actuar los políticos
para que el mercado actúe y despliegue las bondades que debiera
desplegar por sí mismo. Primero el alcalde Claudio Radonich
entrevistándose con la subsecretaria de Telecomunicaciones, Pamela Gidi,
luego el presidente del Consejo Regional, Tolentino Soto, preguntándose
“¿hasta cuándo las empresas sólo piensan en cobrar y no en entregar un
mejor servicio?”, para luego amenazar que “si Movistar no se plegaba a
la fibra óptica, no debiera operar en la región”.

Lo
cierto es que después de esas reacciones, vino la respuesta de Movistar
quien anunció que en el tercer trimestre se sumaría a la red submarina
de fibra óptica, la misma que fue construida con el aporte público y
privado y que está ahí disponible desde el año pasado.

Habrá
que esperar al tercer trimestre de este año si la promesa se cumple y
esperemos que para entonces, no tengamos que lamentar que un nuevo
apagón, ahora en condiciones más extremas de invierno si cabe, no
termine con víctimas fatales en una región tan difícil de ocupar pero
tan importante como es la Región de Magallanes… aunque algunos en
Santiago, todavía no lo sepan.

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