A pocos días de someter a
la voluntad popular si cambiamos o no la Constitución Política de
Chile, es que se han instalado diversos debates en la opinión pública,
en los barrios y rincones del país y nuestra región. ¿Cuál es el futuro
que queremos?
Claro
que para el nuevo Chile naciente tenemos que llegar a acuerdos. Nada
está escrito en piedra y se necesita ir actualizando los márgenes por
los que nos moveremos en un futuro próximo y también lejano.
Quiero hacer hincapié
en el deber del desarrollo ecológico como punto central. Tenemos que
hacer de Chile un país sustentable, que abrace la economía circular, un
nuevo trato con el medio ambiente; cosa que la actual Constitución (que
se defiende rechazando) no lo tiene como prioridad.
Debemos
garantizar, más allá del papel, los límites que primarán en las
diferentes industrias que socaban nuestras aguas, montañas, hielos
eternos. No basta solo con una voluntad social y política, si finalmente
esto no queda plasmado como una hoja de ruta principal, serán las
futuras generaciones a las que ponemos en riesgo de perderlo todo.
La
Constitución del 80 propició un descalabro medioambiental,
superponiendo los intereses neoliberales, sin contrapeso y con
beneficios para quienes explotan lo que supuestamente es de todos.
Nuestra cultura extractivista ha dominado en los últimos 50 años y se
debe detener ya.
Estas
mismas cosas son las que nos han hecho quedar en el pasado en materia
de diversificación energética. Claramente yo no soy científico y no me
las quiero dar de tal, pero está absolutamente comprobada la capacidad
geotérmica existente en nuestro territorio gracias a la cantidad de
volcanes con los que contamos. Pues bien, las empresas eléctricas
(privadas) no quieren invertir por los riesgos económicos que esto
conlleva, pero tampoco lo puede hacer el Estado, porque los mismos
privados no desean que el Estado se meta en su negocio. Conclusión:
seguimos dependiendo de formas añejas y obsoletas para obtener energía.
(Nuevamente todo celosamente custodiado por la Constitución del 80)
Por
supuesto que yo no estoy en contra de que privados puedan invertir,
pero esto se debe hacer bajo regulaciones conscientes. Un ejemplo, hace
tres años se intentó instalar salmoneras en Cabo de Hornos, ¿se
entiende? En Cabo de Hornos, reserva de
la biósfera nombrada por la Unesco y donde se encuentran las aguas más
prístinas del planeta, con rey de Noruega incluido haciendo lobby en el
territorio de la mano del Presidente Piñera.
Lo
más terrible vino después, cuando Harald V, monarca nórdico, respondió
con toda soltura que ellos solamente esperaban cumplir con las leyes
chilenas, que por supuesto en su propio país hubiese sido absolutamente
imposible el intentar instalarse bajo estos parámetros. No se asuste,
somos el basurero del primer mundo.
Tenemos
que hacer que Chile gire hacia instalar el agua como un derecho humano,
que los derechos de la naturaleza se fortalezcan y se respeten. Obligar
al reciclaje, hacer que la menos cantidad de residuos llegue a los
vertederos.
Este
es solo uno de los puntos que nos jugamos este 4 de septiembre. Seamos
conscientes, lea por favor la propuesta constitucional y no se deje
llevar por malas intenciones que están llenando los mismos financistas
del cerrojo de Guzmán.
Apruebo.