Todavía
sigue siendo considerada la capital del mundo que aún existe. Sus
habitantes se refieren a ella como “the perfect city” (la ciudad
perfecta), porque todo funciona, y bien. Admirada y visitada. Hasta
ahora, en que se ha transformado en la última de las grandes ciudades
americanas que evidencian y sufren de las políticas globalistas de los
demócratas, el partido gobernante en EE.UU., partido que devino de una
suave socialdemocracia hasta hace poco, en un partido de extrema
izquierda, expresión del llamado “progresismo”, es decir, de la
destrucción desde adentro de las sociedades, y también cayó en ello la
americana, para someterlas al Nuevo Orden Mundial. Los Ángeles, San
Francisco, Seattle, le precedieron, sus calles plagadas de inmigrantes
de ingreso ilegal, de homeless y de delincuentes. Visitarlas pasó a ser
un creciente desagrado y riesgo, incluso para chilenos, que vimos
exactamente estas mismas políticas globalistas ultra izquierdistas, de
fronteras abiertas desde tiempo antes, como que acá experimentaron y
probaron las mismas políticas de autodestrucción desde adentro, con
nuestras ciudades plagadas de carpas y de miseria, lo mismo que se
aprecia en USA, con consumo de drogas añadido. La “migración” en forma
de invasión, una de las lacras, acaso la peor, que está destruyendo al
mundo occidental, América y Europa, como consecuencia de políticas
criminales tendientes a hacer desaparecer a los Estados actuales y
someternos a todos a un gobierno mundial soberano en una extensión
mundial de la pobreza del llamado “tercer mundo”. “The perfect city” así
se va transformando en una pocilga, gracias al gobierno “progresista”
americano. The chilean way.
Pero así como está previsto y diseñado que caiga el “imperio
americano” y Europa entera, también nos está ocurriendo a países como el
nuestro y muy especialmente a Chile, hoy conejillo de indias de ese
paradigma onunista globalista en que hay que hacer nuevas constituciones
que oficialmente sometan a países otrora soberanos a este nuevo orden,
es más, que los pueblos terminen clamando por el nuevo orden, en medio
de desesperanza, pobreza, miedo, hambre. Chile no es un caso aislado, es
solo parte del mecanismo que está transformando, y para mal, al mundo
que conocíamos, con la complicidad de una red de gobernantes que
conscientemente están impulsando este esquema. La gente en todo el
planeta se está acostumbrando a que todo empeore, a no soñar y perder la
esperanza, como dijo la gran causante de la insurrección y caída de
Chile, “cada día puede ser peor” y, efectivamente, así ha sido.
La oleada migratoria es sin duda, el gran mecanismo con que los
enemigos de occidente están destruyendo al mismo occidente. Es imposible
que un sistema soporte esto mucho tiempo, y los parámetros son
universales. Acá nadie ha tocado siquiera los decretos de Bachelet, que
aseguran a los inmigrantes, legales o no, privilegios de facto sobre los
propios chilenos en prestaciones básicas del Estado, como salud,
educación y vivienda. Los americanos se quejan de lo mismo en su país,
los europeos, lo mismo. Entender todo esto es esencial para entender a
donde vamos como país. La política de fronteras abiertas, de millones de
extranjeros parasitando de nuestros impuestos, sumado al estado social
de bienestar que se trata de concretar en una nueva constitución, pondrá
el sello de oro falso a un país como el nuestro que, carente de
crecimiento y de perspectivas, se ve obligado a acoger a cuanto
indeseable con ayuda de gobiernos hostiles como el boliviano, nos meten a
diario. Y todo lo que queda de institucionalidad, los protegen.
Así como Biden es un enemigo de los intereses del pueblo
norteamericano asolado en sus ciudades, el gobierno de Boric es enemigo
de nuestro pueblo chileno, también asolado en todo nuestro territorio y
ciudades, no solo en Santiago. Este gobierno, que no gobierna sino eso
lo hacen otros desde las sombras y desde el extranjero, sólo ha
producido pobreza, miedo y desesperanza, es necesario alguna vez se
entienda, y que esa condición del “team Boric” no va a cambiar. No saben
de economía ni de nada, y ni siquiera les importa, están contra la
economía libre y sus intenciones fueron honestamente confesas en el
“mamarracho constitucional” del año pasado. Solo otros más tontos y más
ignorantes podrían decir que la economía puede mejorar, bueno, los hay,
pero la realidad es opuesta. Por eso es que soy contrario a esa mentira
de la “nueva constitución”, no sólo por la ilegitimidad del origen del
proceso, primero y segundo, sino porque aquel es solo una imposición
globalista para someternos institucionalmente, mientras distraen a la
gente con un recetario de supuestos derechos, pero sin decir cómo
mejorarán en el texto la estructura político administrativa del país y,
sobre todo, como salvaguardaran la soberanía nacional frente al
globalismo y el gobierno mundial, en que la opinión popular a nadie
interesa. Este globalismo progre y constitucionalista no es más que “el
comunismo del siglo XXI”. Chávez estaría orgulloso.