En el último cambio de gabinete fue inevitable recordar que cuando era niño había unos monitos animados en donde un policía hablaba mucho, pero nadie entendía y siempre uno de sus compañeros preguntaba: ¿Qué dice Harry? ¿Qué dice? De igual forma el cambio de gabinete dejó a muchos sin entender qué señal quiso dar el Presidente y quizás, como en la caricatura, sólo su mundo más íntimo nos pueda traducir. El mundo político especulaba y aventuraba hace semanas la posibilidad de un tercer cambio de Gabinete, como una forma de retomar la agenda política y legislativa, como una forma de mejorar la gestión o como una forma de dejar atrás el manto de corrupción que, a partir del Caso Fundaciones, tiende a cubrir la Moneda. A simple vista, los cambios efectuados muy poco tienden a corregir esos aspectos.
Se esperaba que el cambio de Gabinete produjera en viraje de timón en donde militantes del Socialismo Democrático asumieran nuevos roles de conducción. Sin embargo, el balance general es que se mantuvo el equilibrio de las dos almas en gobierno y que sólo se terminó por potenciar el ala más radical de Apruebo Dignidad, en este caso fortaleciendo el PC y debilitando a RD. En el escenario actual una señal confusa, incluso arriesgada, si lo que se intenta es procurar consensos y a partir de ello gobernabilidad para retomar la agenda legislativa. Por tanto, debe concluirse que no fue un cambio de timón, al menos en la dirección que le favorecía como Presidente, pudiendo interpretarse, sin embargo, como una reafirmación del proyecto original del gobierno.
El cambio de Gabinete tampoco sirvió para dejar atrás los problemas que ha traído al ejecutivo el Caso Fundaciones. En ese sentido, el gobierno ha confundido las responsabilidades penales o jurídico-administrativas con las responsabilidades políticas. Si ésta hubiese sido la razón para el cambio el ministro Montes o la jefa de presupuesto debieron haber sido parte de los removidos. Sin embargo, todos sabemos que la salida de Montes le hubiese traído más problemas al Presidente. Quizás la señal es que el Gobierno tiene escasa responsabilidad en los casos de corrupción y que no aceptará presiones indebidas por parte de la derecha, en el equipo ni en el programa. Pero todo hace pensar que los cambio no pasaron por esta opción.
Una razón creíble del cambio ministerial son los problemas de gestión. Giorgio Jackson no fue un ministro destacado ni en Segpres ni en Mideso, De Aguirre ya había cometido bastantes chambonadas en el manejo de su cartera, la gestión de Marcela Hernando había sido fuertemente cuestionada hasta por su partido, y Dávila había sido objeto hace poco de una acusación constitucional. Sin embargo, la señal en Educación es confusa si no se asume que se tienen serios problemas de conducción en este ministerio, y en Cultura surgen dudas curriculares razonables sobre la nueva ministra, considerando el difícil momento político de su cartera.
Yo soy más de la idea que la salida de Giorgio Jackson responde a una necesidad del Ejecutivo, pero que sin embargo cala muy profundo en el equipo y ánimo íntimo del presidente Boric. Del gabinete se aleja su compañero de ruta, su amigo, su cómplice, su consejero. En un fin de semana largo, con hartas horas de vuelo, en probable que la idea de reforzar su círculo de confianza interno rondó por la cabeza del Presidente. En esa tristeza quizás pensó que requería más gente que en la intimidad lo trate de Gabriel y no de presidente, más gente que apañe desde el proyecto original que desde la cruda realidad, más gente del club de amigos y afectos que desde la frialdad de decisiones administrativas. De ahí es más entendible la llegada de su excoordinador territorial a Educación, de su amiga de la facultad de Derecho a Mideso o de la amiga de su actual pareja a Cultura. Un círculo de confianza y afecto, que sin duda le entrega fuerza.
En todo caso sólo el tiempo podrá esclarecer cuáles fueron las razones de este cambio de Gabinete y si, a partir de este, el Presidente Boric obtuvo resultados positivos para su gestión. Demos tiempo al tiempo (aunque no hay mucho margen para errores ni confusiones).