Carta de un “libre pensador” que “vivió” en la escuela

Fueron
casi dos años en que pude contribuir a la formación de alumnos de
enseñanza media pertenecientes a un establecimiento educacional de
nuestro país, lugar donde las peleas, riñas, tensiones y discreto nivel
académico de algunos profesores suele ser parte del paisaje educativo
sin el más mínimo escrúpulo profesional, claro, donde un “libre
pensador” no logra encajar ante sus pares por la sencilla razón de
hospedar un espíritu “disruptivo” en su metodología impartida, incluso,
por “habitar” la escuela bajo un sentido de horizontalidad y libertad de
pensamiento crítico, uno que hace de esta columna un ejercicio de
memoria individual y, por consecuencia, interpela la gestión, formación y
vicios que algunos colegios vulnerables del país se debilitan “viendo
al muerto pasar”.

Primero,
dicho establecimiento educacional aludido se encuentra en la comuna de
Puente Alto, cuyos inspectores generales son profesores en las áreas de
historia, filosofía y literatura. El cuerpo docente se divide entre
nivel “técnico profesional” de enseñanza media y profesorado de las
asignaturas generales exigidas por el Ministerio de Educación. Por otra
parte, existe una UTP (Unidad Técnico Profesional) que resulta ser
psicóloga y docente de historia, una ironía, ya que debiese ser una
especialista en temáticas de currículo escolar, leyes del Ministerio de
Educación y rudimentos a la vanguardia, bueno, tal vez es el primer
vicio, una persona con precarias competencias en el cargo, muy buena
profesional, aunque meramente designada al final del día. Otro de los
vectores que son visibles en esta escuela y como tópico de reflexión
para el sistema educacional en Chile, encuentra lugar en los abundantes
“departamentos” de cada asignatura impartida, donde muchos de sus
llamados “jefes de departamentos” suelen ser “personitas” con buen
carácter, “experiencia” profesional (como si la antigüedad laboral fuera
sinónimo de excelencia y calidad), dicho sea de paso, una mentira que
solo los sostenedores, psicólogos y asistentes sociales podrían avalar,
ya que ningún control de calidad serio aplaudiría semejante aberración,
más aún, entre más años se habite un cargo, más son los vicios que
generalmente se suscitan, irónicamente en Chile la “antigüedad
constituye grado”. Por ejemplo, en este colegio la “jefa del
departamento de educación física”, alias la “colorina rabiosa”, suele
mostrar su incompetencia al imponer, gritar y forzar el aprendizaje
hacia el alumnado, claro, esta no conoce nada de las denominadas
“habilidades blandas”, de lo contrario, sabría que el juego en la
educación está en que los alumnos quieran estar, donde se pueda
convencer, persuadir y aplicar una andragogía sustancial, probablemente,
esta entienda andragogía como sinónimo de pedagogía, como ella,
tristemente hay muchos en el sistema. Cabe señalar que el jefe del
departamento de religión tampoco se queda atrás, este desea más bien
impartir una homilía religiosa por sobre preceptos laicos que, entre
paréntesis, son la preciosa savia que el alumnado desea escuchar,
aprender y ejecutar, insisto, de estos vicios hay bastantes y por
doquier en gran parte de los departamentos inscritos. No obstante,
también haría bien destacar el esfuerzo sistemático que existe al
interior de este recinto por dignificar las carreras “técnico
profesional de educación media”, sin embargo, sería muy oportuno separar
la paja del trigo, la cizaña de este último y los competentes de esos
que debiesen ir a beber leche a su casa por incompetentes y deficientes
sin el más mínimo temor.

Segundo,
un “libre pensador” debe tener la capacidad de pesquisar el problema y
realizar la sutura paulatinamente a través de una narrativa que se
convierta en carne, no meramente dar respuestas y soluciones en
abstracto, sino bajarlas y colocarlas a disposición de todas y todos.
Esto último resulta muy difícil, si, muy difícil cuando los docentes en
un colegio no dominan sus materias y el vicio de las famosas “guías de
aprendizaje”, nemotecnia (memorizar los contenidos estudiados de forma
literal) y usar “bailecitos típicos” para colocar calificaciones,
resultan ser el muerto que nadie quiere ver, o bien, conviene ignorar. A
todo esto, y como si ello fuera poco, docentes que parecen payasos en
su vestimenta, mal olor, pésima dicción y recurrente sentido de cahuín
en sus palabras, no puede sino, indudablemente convertir el espacio de
trabajo en una pasarela de “moda”, o bien, en un resabio de mediocridad
intelectual, claro, a nadie le importa, pero al final del día esto
repercute en la calidad de un establecimiento educacional, donde
profesores, inspectores, UTP, Director, TP, psicosocial y el listado
podría continuar, sin duda, en su conjunto hacen la “escuela”, pues,
hasta ahora, solo espasmos de “exigencia académica” son vislumbrados, ya
que la ley del mínimo esfuerzo es el eslogan por excelencia de muchos
profesionales del establecimiento educacional analizado. ¿Cómo repercute
esto a la reflexión formativa del país? ¿Es Chile un país de mediocres,
donde muchos profesores forman parte de esa camada y se sienten
orgullosos de estar más pendientes del “todes” que de perfeccionarse en
sus áreas de trabajo? ¿Cómo mejorar esto si la culpa es compartida,
donde la administración de un colegio, Ministerio de Educación y
entidades reguladoras suelen albergar vicios que no permiten tener un
cambio sustancial? ¿Cuál es la calidad de las “psicólogas laborales” en
un colegio, dado que entrevistan y aceptan profesionales a rajatabla y
en el tiempo estos dan constantes dolores de parto? ¿Son estas
psicólogas altamente calificadas o es lo que tiró la marea hacia la
educación escolar? ¿La realidad del colegio enunciado y la experiencia
vivificada en sus rincones podría ser sinónimo de una realidad a nivel
nacional en aquellos colegios vulnerables? Tal vez, estamos en presencia
de una “carta personal” que se inscribe como columna de la semana,
donde su contenido versa elegantemente sobre la base de un paupérrimo
sistema educacional que vive Chile, donde, alumnos deficientes,
estudiantes con prontuario delictual, profesorado muy discreto, lideres
con falta de habilidades blandas y “referentes” con débil sustento
intelectual, parecen ser parte del aula de un colegio tristemente
vulnerable, ese que me hace pensar, reflexionar y “habitar”, por ahora,
desde afuera, donde se debaten ideas y soluciones, no menudencias de
forma, estilo y formato, categorías que parecen volver “loco” al jefe de
UTP de turno y aquellos “lustrabotas” del sistema educacional; desastre
que se vive en una parte importante de los llamados colegios
vulnerables de Chile en pleno siglo XXI.

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