Se
dio a conocer la Política Nacional de Inteligencia Artificial de Chile,
cuyas disposiciones para la administración de esta tecnología son
pioneras a nivel latinoamericano. Se trata de 177 medidas con las que el
país encaminará su aplicación hacia 2028, donde 100 tienen como plazo
de ejecución el año 2026.
Se
trata de una nueva actualización de la Política de IA publicada en
2021, sumándole el Plan de Acción con que se pretende implementar sus
puntos y la introducción del proyecto de ley respectivo para su empleo y
ejecución, los cuales también serían presentados este mes. Este
proyecto aspira a promover la creación, el desarrollo, la innovación y
la puesta en marcha de sistemas centrados en el ser humano y así
garantizar la protección de la salud, la seguridad y los derechos
fundamentales de las personas.
Para
esta disposición, a su punto número 3 de Gobernanza y ética, la
iniciativa sumó cinco sub-ejes nuevos: “Medioambiente y Crisis
Climática”, “Inclusión y No Discriminación”, “Niños, Niñas y
Adolescentes”, “Preservación del Patrimonio” y “Articulación
Internacional”.
El
anuncio tuvo presentación en el Palacio de La Moneda, donde la Ministra
de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Aisén Etcheverry,
resaltó su preocupación por la gobernanza y la ética, el protagonismo
que está tomando Chile sobre esta ola de transformación y de los
resultados obtenidos al aplicar la Metodología de Evaluación de la
Preparación (RAM) de la UNESCO en nuestro país, siendo los primeros en
aplicarla a nivel regional. Este punto lo destacó Audrey Azoulay,
Directora General de la UNESCO, durante la ceremonia.
“Chile
hoy es una referencia mundial en materia de progreso ético porque ha
aceptado las recomendaciones para proteger los datos personales,
reforzar el arsenal jurídico existente, incluir cada vez más una
diversidad de perfiles en todos los niveles en el diseño de algoritmos, y
en particular, perfiles femeninos”, dijo Azoulay.
En
mi opinión, somos testigos privilegiados de un hito que marcará
precedente, gracias a sus intenciones transversales y pluralistas. Por
ejemplo, contempla fondos de investigación para uso de IA para consumo
eficiente de energía, así como incentivos al empleo con herramientas de
este tipo. Cuenta con estrategias y lineamientos para proteger a niñas,
niños y adolescentes, a la par de una evaluación de sus efectos en la
cultura, las industrias creativas y el patrimonio. Concibe regulaciones
en ciberseguridad, al igual que normas éticas para bases de datos en
temas sanitarios. Y podríamos seguir.
A
esto se añade un catastro de infraestructura tecnológica en
inteligencia artificial, la formación de nuevos talentos y la
capacitación ciudadana. Asimismo, pretende impulsar a esta industria,
por su gran impacto en el crecimiento económico y productivo.
Tal
como dijo la ministra Etcheverry, el 24% de las microempresas, el 30%
de las pymes y el 35% de las grandes empresas están integrando la IA y
eso, sin duda, tiene repercusiones en la productividad. Pero otro asunto
por el que miro con optimismo esta propuesta, es su sentido
omnicomprensivo y su proyección. Lo que generará, sin lugar a dudas, un
antes y un después en la historia. Es importante valorar este liderazgo y
a su vez darnos siempre el espacio para futuras reflexiones, para la
mejora continua de estos marcos y como decimos en el mundo de la
tecnología, llegar a un buen Market Fit mediante la iteración y tomando
feedback.