Cierre del proceso Constitucional

El próximo lunes se
efectuará la última votación del proceso constitucional, la cual
determinará la propuesta de constitución que se presentará a la
ciudadanía el 7 de noviembre. El cierre del proceso nos deja con un
sabor amargo, en especial por las diversas instancias en que no fueron
escuchadas las propuestas de quienes aspirábamos a construir un texto
representativo de nuestra sociedad y su rica diversidad.

Iniciamos
el proceso esperanzados al poder dar respuesta a las diversas demandas
del pueblo chileno que fueron expresadas con claridad en las
movilizaciones que dieron origen al proceso anterior y a esta nueva
instancia que conlleva una responsabilidad histórica con el pueblo de
Chile. Sin embargo, debo decir que siendo parte del proceso siento una
profunda frustración, ya que más allá de los esfuerzos no hubo voluntad
política de diálogo ni menos de llegar a amplios acuerdos, en especial
en aquellos aspectos que sin duda son necesarios para poder avanzar
hacia el país que aspiramos: Un Chile más justo, más equitativo, más
igualitario. Lamentablemente, la propuesta que será votada el 17 de
diciembre da la espalda a las familias chilenas, quienes una vez más
deberán ver cómo el acceso de sus derechos a salud o educación dependen
de la capacidad financiera de sus bolsillos.

Además,
se ha tergiversado el concepto de libertad al extremo. Se ha hablado
mucho de la libertad, utilizándose como eslogan en la campaña por parte
de políticos de derecha y ultraderecha. Si bien estamos de acuerdo con
la importancia de la libertad, es crucial recordar que no existe una
verdadera libertad si esta debe ser pagada. Tampoco se promueve la
libertad cuando se constitucionaliza un sistema de salud, limitando así
la discusión democrática en el parlamento u otras instancias, cuando
estas tienen una mayor capacidad de adaptación que una constitución.
¿Cómo podemos hablar de libertad cuando se abren las puertas a la
posibilidad de declarar inconstitucional el aborto en tres causales?

En
resumen, este proceso constitucional ha dejado un sabor agridulce en
muchos de nosotros. Esperábamos una mayor apertura al diálogo y la
inclusión de las voces de todos los sectores de la sociedad. A pesar de
las dificultades, es vital y sumamente necesario seguir luchando por un
Chile más justo, equitativo y libre, donde los derechos fundamentales no
estén condicionados por la capacidad financiera de las personas.

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