Cómo controlar las rabietas

Rosa Martínez, Sicóloga

Las
rabietas son una manera de expresar frustración, enojo u otro tipo de
malestar emocional. Al no disponer de mayores recursos, el niño explota
en un estallido de patadas, gritos y llantos.

Los
berrinches son algo natural alrededor de los dos años de vida de los
niños. En esta etapa necesitan elegir, imponerse, saltarse límites y
oponerse al adulto para demostrar su propia identidad. Esto no es una
tarea fácil y por eso a veces us
ará
la rabieta como estrategia. Por otro lado, los párvulos quieren hacer
muchas cosas, pero a menudo su voluntad está por encima de sus
capacidades y esto los conduce a la frustración y a la rabieta. Otra de
las causas de las rabietas son el cansancio y el agotamiento. Por otra
parte, en las últimas horas del día los niños están cansados y les
cuesta buscar respuestas, recursos y alternativas de comunicació
n,
por lo que suelen recurrir a los berrinches. Además, las necesidades
básicas no cubiertas como: hambre, sueño, cansancio, hacen que el niño
se irrite y cualquier cosa le moleste y le genere disgusto.

Las principales causas de las rabietas en los preescolares son los siguiente:

– Necesidad de desarrollar su autonomía que se ve frenada, porque aún no está preparado para ser completamente independiente.

– No poder tener o hacer todo lo que desea.

– No poseer todos los recursos para expresar lo que está pensando o sintiendo.

Algunas sugerencias para manejar las rabietas:

– No hay que prestar atención a la rabieta. Si se responde de forma automática a la rabieta, por ejemplo: entregarle de
inmediato algo que está exigiendo y que no necesita, esto impedirá que
el pequeño aprenda a tolerar esa frustración. Debe aprender que con las
rabietas no consiguiera su objetivo.

–
Hay que esperar que el pequeño se calme, entonces hay que actuar.
Cuando el pequeño esté bajo una rabieta, deje que siga con esa conducta y
no le preste atención. Recuérdele que debe calmarse. Cuando este
sosegado actúe.

– Explíquele sin alterarse, que cuando él se tranquilice le prestará atención y en conjunto verán cómo solucionar la situación.

–
No pierdas la calma, un enojo o disgusto de su parte, es una forma de
prestarle atención. Así el pequeño aprenderá que su rabieta funciona.

–
Hay que actuar con firmeza y constancia, mostrándole cariño y no rabia.
Dígale algo así como: “Si no te calmas no sabré qué es lo que te pasa,
cuando te tranq
uilices me lo explicas y hacemos algo”.

–
Desvíe la atención del niño hacia otra cosa. Si puede en el momento de
la rabieta o justo antes de que empiece, desvíe la atención del pequeño.
Cambie de tema de conversación o muéstrale algo que le guste.

– Procure que los pequeños descarguen tensiones. Por ejemplo: llévalo al parque, a andar en bicicleta.

–
Sea compresivo y censure la rabieta, pero nunca su persona, Por
ejemplo, dígale: “Tus rabietas hacen que me desesperen” (conducta) Jamás
le diga frases como la siguiente: “Porque eres malo haces berrinche”
(alude a su persona).

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