Desde el Estallido Social a la fecha (hace cuatro años), la bella Punta Arenas fue castigada por el vandalismo, por la destrucción, por la quema de locales comerciales y hasta por los delincuenciales actos de saqueos. Fue impresentable. Y la ciudad quedó dañada, muy rayada y su encanto se fue perdiendo, porque el centro quedó tapizado, ya no habían las hermosas vitrinas de antaño.
De a poco, el municipio se ha preocupado y se han ido recuperando espacios. Pero a Punta Arenas le falta mucho. La capital magallánica en una ciudad con escasos espacios verdes, y los que tenemos debemos potenciarlos y desarrollarlos lo más posible. Sin duda que otra ausencia es un lugar techado (estadio o gran gimnasio o un Polideportivo, rechazado por los propios concejales hace solo unos meses) que pueda albergar un lugar de encuentro del arte, la cultura, los eventos y el deporte.
Debemos lograr ser una ciudad más amistosa con sus habitantes con capacidades especiales y con sus adultos mayores. Punta Arenas debe convertirse de verdad en un centro que desde Chile y el mundo elijan para realizar sus eventos, encuentros, seminarios científicos, pedagógicos y de turismo. Ser una ciudad de servicios que se convierta en puerta de entrada al turismo Antártico y al de aventura extrema. Es urgente mejorar los sistemas de emergencias y de prevención.
Que no improvisemos ante fenómenos naturales como desbordes de ríos, temporales de viento y nieve. Que no ocurra más lo del desborde del Río de Las Minas, que trajo consigo millonario daño material y sicológico. Debemos trabajar en la prevención. Nunca está demás estar preparados para un terremoto y un tsunami. Punta Arenas tiene mucho por mejorar y debemos convertirnos en un lugar de desarrollo de la zona más austral del mundo.