¿Cómo llegamos a esto?

El
25 de octubre de 2020, el 80% de la ciudadanía voto por tener una nueva
Constitución y que la redactara un órgano 100% electo. Resultado
similar se alcanza en la elección de la Convención Constitucional. Sin
embargo, en septiembre de 2022, sólo 2 años después, se rechazó
mayoritariamente el texto constitucional propuesto y, el fin de semana,
la derecha vuelve a propinarle una derrota severa a las fuerzas de
centro izquierda, al elegir los 2/3 de los miembros del Consejo que
aprobará la propuesta del Comité de Experto. Y para agravar la situación
el Partido Republicano alcanza 23 de los 51 miembros. Un partido
ultraderechista que defiende la constitución del 80, que no es
partidario del proceso constitucional y de redactar una nueva
Constitución, que es contrario a la paridad, que cuestiona el estado
social de derechos, que defiende al criminal Kraffnoff, que representa
una regresión. En el momento de la derrota el domingo vía Facebook hice
una pregunta sencilla ¿Cómo llegamos a esto? Y las respuestas fueron
múltiples, aunque es preocupante observar cómo las primeras reacciones
son evadir la autocrítica y trasladas la culpa a otros.

El
momento que vivimos me recuerda un texto de Shakespeare en la tragedia
“El Rey Lear”: “No somos los primeros que con las mejores intenciones
hemos logrado lo peor”. Tengo la sensación que sólo nosotros somos los
responsables de la derrota y que nos farreamos una posibilidad
probablemente única de construir una Constitución democrática, justa y
moderna. Los hechos son evidentes: los convencionales actuaron con
soberbia, infantilismo, miopía y escaso sentido de realidad; generamos
un texto constitucional que, si bien recogía temas sensibles y
necesarios, se pasaba al menos 5 pueblos en un país conservador y
gradualista; la falta de madurez, conducción y claridad de Apruebo
Dignidad y el Gobierno ha generado incertidumbres y una estrategia
política de dejar ser sin control; nos apuramos innecesariamente en
retomar una discusión constitucional, luego de una derrota ideológica
brutal en septiembre y, de paso, dándole la espalda a la soberanía
popular y apoyando los poderes establecidos; una gestión amateur,
deficiente y constantemente atrasada en las urgencias del país y región,
provoca que la gente votara también evaluando al Gobierno). Quizás
porque quisimos abarcar todo, arreglar todo y refundar todo, pero sin
retroalimentar
nos de la opinión de la gente.

En
un acto casi bochornoso el Presidente Gabriel Boric hace un llamado a
los republicanos de no cometer los mismos errores nuestros, con una
inocencia y esperanza sobre su futuro proceder, pero sobre todo con una
autocrítica pendiente. Tuve más sensación a rendición, a una
capitulación forzada ante quien ahora ostenta el poder y el futuro
devenir político del país. Ante esto, es necesario que el Presidente
asuma el liderazgo del momento y desde el gobierno haga los cambios que
tenga que hacer para dar una señal al país. Un liderazgo que aglutine y
asuma la derrota como una forma de reevaluar y reformular la estrategia y
prioridades de Gobierno. Un liderazgo que busque y trabaje por la
unidad de la centro-izquierda, sin pasada de boleta, sin sesgos, sin
odiosidades, sin las constantes exclusiones, sin soberbia.

Nuestro
mundo deberá navegar en medio de la noche y la tormenta. Nuestros
consejeros, sin capacidad de veto, deberán velar por procurar un texto
constitucional que recoja las inquietudes y demandas de la ciudadanía.
El Gobierno deberá intentar negociar con las fuerzas de derecha y seguro
habrá que entregar concesiones con la finalidad de tener una
constitución más social. Las fuerzas de centro-izquierda deberán
obligadamente trabajar un pacto de unidad que permita afrontar los
desafíos futuros. Como canta Inti Illimani “la derrota es siempre breve,
un estímulo que mueve”. Probablemente con la unidad, el entendimiento y
el compromiso de todos podremos tener una es
trategia que nos permita levantarnos y gritar como Fito “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”.

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