Sí, como Patria hemos tenido tiempos malos y también de bonanza y todos (es mentira ese patriotismo barato que pregonan
que algunos no), queremos que nuestro país siga desarrollándose,
avanzando, estableciendo un “estado” de convivencia donde cada
compatriota reciba las condiciones que le permitan vivir con dignidad…
Pero, en esta “copia” (no somos el original, obvio), más que realidades,
hemos construido un “imaginario colectivo”, algo que emana de los
discursos instalados por los grupos dominantes (los de siempre) que
manejan todo incluso hasta las ideas de las gentes y que echan a correr
por las sociedades controlando nuestra conducta, nuestros pensamientos
instalando conceptos a priori, verdades absolutas que sin darnos cuenta,
van moldeando nuestras ideas y, como ahora, nos llaman a aprobar o
rechazar. El problema más profundo y la raíz de todo esto, es que de uno
u otro lado la gente tiende (está en su derecho) a asumir esta
alternativa y la mayoría de las veces (he aquí lo peligroso), sin
análisis, sin profundidad, con muy poca argumentación y menos contenido,
o sea, nos dejamos llevar por este “imaginario colectivo” y repetimos
el discurso oficial que queremos escuchar, somos
sólo un eco de otras voces y , como le escuché a mi buen amigo Marcos
Buvinic: “somos profundos en lo superficial y superficial en lo
profundo”. No me canso de repetir: usted, yo, todos, somos soberanos de
nuestras decisiones y tenga la idea que tenga, debe ser escuchada,
aceptada y (cosa no muy común), respetada. Pero cuando una y otra vez
caemos en “el argumento del cuajo” -como escribí la semana pasada-, en
esa cosa visceral, irreflexiva, casi ilógica, caemos en la facilidad de
la mentira, del engaño, de la noticia falsa con tal de convencer o que
nos convenzan. En este periodo de decisiones hubo mentira y falsedad
descarada, se tergiversó la realidad en forma absoluta y, lo más
reprochable, a sabiendas. Si Ud., cualquiera desea plantear un punto de
vista, bienvenido sea, pero no venga con la maquinaria de la falacia,
con el argumento del miedo ni menos insistir en campañas terroríficas
que no han resultado y no resultarán. Pareciera ser que crear realidades
a través de la mentira es cosa añeja, basta recordar eso de “miente,
miente que algo queda”… La
táctica del terror ya es conocida por nosotros y la estrategia de crear
un enemigo al cual echar todas las culpas de cuanto mal exista, igual
es cosa añeja. Las redes sociales han jugado un rol demasiado gravitante
en la construcción de este “imaginario colectivo” lleno de mentiras:
que me van a quitar mi casa, que no tengo derecho a propiedad, que van a
poder abortar incluso con 8 meses, que ya no tendremos bandera ni
símbolos, que desaparecerá Carabineros, que, que, que… Y
resulta que, para salir de este engaño, sólo bastaba hacer una cosa:
leer, nada más ni nada menos y a partir de allí optar. Pero no, se
insistió en crear un futuro imaginario, apocalíptico, aterrador con la
maldad que, a sabiendas, estabas mintiendo. Uno se pregunta: ¿será
posible tanta maldad, no existe un mínimo de pudor, cómo vas a salir
mañana cuando la verdad se imponga?… Muchas
interrogantes que en el terreno de las ideologías nadie va a responder.
Le hacemos un tremendo daño a nuestra gente, les estamos inculcando
(otra estrategia totalitaria), la ignorancia, se la estamos fomentando y
después nos quejamos del nivel de educación que tiene nuestra patria.
Personalmente soy un convencido de que nuestro país no puede seguir
avanzando en base a la mentira y el engaño, en base al fraude, en base
al robo institucionalizado en donde paga Moya, no podemos seguir
aceptando que un árbol de palta tenga más derecho al agua que un
compatriota, ¿cómo podemos naturalizar eso, cómo, qué nos pasó para
llegar a justificar tal barbarie?… Tengo
fe en el futuro de la Patria y su gente, sé que vendrán tiempos
mejores, por eso he luchado, por eso sigo insistiendo porque mientras
exista la maldad y el engaño, seguiré fustigando a todos aquellos que se
aprovechan de la gente, a todos porque cuando se trata de disputar el
poder es más fácil mentir que enfrentarse con sinceridad. Ya lo hemos
visto en gobernantes y autoridades pasadas y también en las presentes.
No somos la copia feliz del Edén somos un país imaginario en donde la
mentira se ha instalado groseramente. Para todos, como siempre, un
abrazo
P.D.: menos para los jinetes del Apocalipsis que sólo siembran terror y odio entre nuestra propia gente.