Crece la narcocultura en Chile

Parecía
ser que la fórmula de la demolición de las narco-casas en diversas
comunas del país era un mecanismo efectivo para combatir el narcotráfico
y atemorizar al crimen organizado. Pero en realidad es más bien una
puesta en escena más que una política eficiente frente al temor
representado por las bandas de narcotraficantes.

Parto
señalando que el crecimiento de la narcocultura se debe a la ausencia
de un Estado comprometido con proponer alternativas ciudadanas para una
población con mayor acceso a un contenido cargado de violencia y de
estereotipos sacados de cuentos de terror.

Es
la idealización de ciertos comportamientos societales, que generan
simpatía en un importante grupo social y que se manifiesta en la
literatura, en la música y en otras expresiones artísticas que cautivan a
una población desorientada y deseosa de nuevos referentes rupturistas
con lo moralmente conocido.

La
narcocultura no necesariamente tiene relación con el tráfico de drogas
como se puede pensar, sino que intenta -por otra vía de expresión
social- legitimar un tipo de sociedad altamente violenta y que ve en el
consumo de productos de alto valor, una manera de mostrar prestigio y
reconocimiento. Es decir, la narcocultura busca mostrar el delito como
una manera de prestigio social y de superación personal más que una
amenaza para la vida y la convivencia social.

Ciertamente
la música urbana que hoy copa las principales plataformas musicales y
las redes sociales es una expresión de la narcocultura, muchas veces
idealizando el uso de armas, y con u
na estética de la vestimenta pensada para generar atracción en la propuesta musical.

El
lujo, las joyas y el acompañamiento femenino le agregan un ambiente
hipersexualizado que cautiva mucho más. En el fondo, la narcocultura es
una forma de atrapar a muchos jóvenes ansiosos por ostentar lo que el
sistema les niega o que ven en el delito una forma de acceder a aquello
que sus padres no pudieron conseguir. Hay un aprovechamiento de esa
hambre de consumir lo que la publicidad promueve, con tal de conseguir
respeto, admiración y poder.

El
Estado debe mirar el fenómeno con preocupación en un país donde los
ajustes de cuentas siguen al alza, con jóvenes marginados del sistema
escolar y con autoridades despreocupadas de atender estos problemas. Aún
estamos a tiempo de enmendar el rumbo, a pesar de que la clase política
no sepa cómo enfrentarse a lo que conocemos como narcocultura.

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