Los últimos acontecimientos ocurridos en el país van dando cuenta de una realidad insoslayable: estamos inmersos en una crisis. Esta, más que política o institucional, es una de carácter valórico. De este tipo de crisis es complicado salir, porque sus protagonistas no tienen conciencia de lo que realmente acontece en su entorno. Ocupados y preocupados como están de no perder privilegios, poder, estatus, la clase política aboca sus esfuerzos en vencer al adversario. Todo método o escenario es propicio para propinar derrotas al contrario. En esto, arrastran a la ciudadanía, olvidándose de los acuciantes problemas de quienes necesitan mejores condiciones de vida.
Los líos en que se metió el subsecretario Monsalve, revela en toda su crudeza la tesis que venimos sosteniendo. Porque más allá de lo estrictamente legal, es posible establecer conductas de los involucrados que merecen un reproche ético y moral: a) la trama de acoso sexual y eventualmente, de un grave delito de esa índole; b) las ilegales órdenes a policías para investigar cámaras de seguridad de un hotel sin orden judicial; c) la permanencia en su cargo visada por el Presidente de la República luego de conocidos los hechos y su posterior omisión de denunciar ilícitos; d) la utilización de medios fiscales para fines estrictamente personales; e) la diferenciación que hizo la Ministra de la Mujer entre un portero y un Subsecretario para efectos de cómo el gobierno debía actuar en uno u otro caso; f) la falta de contundencia del Gobierno en condenar los hechos denunciados; g) la nula empatía de las autoridades de Gobierno con la denunciante de violación. Estos hechos y otros que se pueden sumar, dan cuenta de una manera de conducirse que denota abuso de poder y un actuar en base a los privilegios y prerrogativas que otorga los cargos que ostentan. Porque si una persona que no sea autoridad actual es acusada de un delito similar, la condena pública del Gobierno será lapidaria y pedirán las penas más altas. Hoy en cambio, el Gobierno nos dice que el imputado es un ex Subsecretario y no un portero y por tanto, se debe actuar distinto. Eso se llama doble moral.
Antes, el denominado caso Hermosilla nos reveló una trama en donde el poder se conjugó para sacar ventajas del sistema. Una sinfonía de hechos de dudosa legalidad y/o moralidad. Influencias en el nombramiento de autoridades. Es el uso y abuso de privilegios que otorga el poder o la cercanía a éste. Y si bien se fija estimado lector, un denominador común entre el caso Monsalve y caso Hermosilla, es el precisamente el abusar de una situación privilegiada para efectos de obtener más poder. Todo esto, en desmedro de la gran mayoría que está lejos de cargos que otorgan ventajas en la vida.
Otra muestra de la crisis es la liberación de delincuentes vía indulto presidencial y el pago de pensiones vitalicias a jóvenes que quemaron el país. Una vez más, en desmedro de las víctimas y de quienes reciben bajas pensiones luego de una vida de trabajo. Si esto no es abuso de poder, cuesta darle otro calificativo.
Se pueden encontrar muchos casos más de abusos de poder. Poder económico y también poder político: no hay que olvidarse de esto. Casos que abarcan todo el espectro político, pues los atropellos a los más débiles no distinguen el color político de sus autores. De los supuestos paladines de la justicia; los moralmente superiores a decir del ex Ministro Jackson, hoy sabemos que al igual que otros, tienen pie de barro y sus alardes de moralidad, son sólo papel picado. La crisis es generalizada y sus efectos, están siendo devastadores.