La situación
económica del país se viene cada día peor. En eso coinciden los
economistas de todas las tendencias. Hay factores internos y externos,
pero los primeros prevalecen sin duda alguna, porque en parte es el
precio de la farra de la pésima administración de la pandemia, pero
también es consecuencia de una falta de crecimiento económico real desde
2013 hasta la fecha, pero con una diferencia hasta marzo de este año:
que hasta entonces, al menos formalmente, se hablaba de buscar
crecimiento de la economía. Sin embargo, desde marzo todo cambio.
El
gobierno formal que asumió ese mes, y sus fuerzas políticas han
manifestado por años, ser contrarios a los conceptos de crecimiento
económico y han hecho una larga denostación del sistema económico
nacional. “Chile será la tumba del neoliberalismo”, lo dijo expresamente
Gabriel Boric.
Se creó un mito, el neoliberalismo, que nadie ha conceptualizado
correctamente, pero que en la práctica significa la economía de libre
mercado, o al menos de mercado, ese capitalismo a medias que tenemos en
nuestro país y que, no obstante, las críticas que algunos hemos hecho y
sostenemos es de carácter cultural, es indiscutible que ha sido capaz de
levantar a Chile de la miseria latinoamericana en que estaba sumido.
Pero masas adormecidas e ignorantes no fueron capaces de entenderlo y
menos de comparar sus propias realidades y de sus mayores.
El
actual gobierno, de facto carecía de programa, ya que se centró en
hacer la revolución a través de una nueva constitución sesgada y que les
permitía a sus fuerzas extremistas tomar el control del país y las
instituciones, que iban a cambiar. La derrota en el plebiscito los dejo
al desnudo, pero, impávidos, los actuales gobernantes han seguido
adelante con su proyecto confiando la clase política les entregue las
llaves maestras. (Sino, ¿para qué otra constitución?) Pero entretanto,
“avanzan” en lo que se puede, ley de aborto libre, pensión a
delincuentes, nada en lucha contra la delincuencia y crimen organizado,
nada sustancial contra el terrorismo, nada tampoco por cerrar
efectivamente las fronteras. Nada en educación, nada en salud, pero,
sobre todo, nada para mejorar la economía. Los nada son sus logros.
Los
chilenos somos buenos para autoengañarnos, creer lo que queremos creer.
Este supuesto gobierno que no gobierna, no puede solucionar los
problemas que sus mismas fuerzas crearon o colaboraron a crear, entre
ellos la decadencia económica. Es que la mejor forma de destruir un
sistema económico es hacer nada positivo frente a una crisis de
estanflación como la que ya sufrimos, al contrario, la reforma
tributaria apunta precisamente a profundizar la crisis en un país que
requiere certezas y seguridad de toda índole. No, somos hipócritas, no
queremos decir que este gobierno vino a destruir la economía no a
mejorarla y menos a hacerla crecer, porque eso han querido siempre.
Algunos grandes empresarios tratan de “abuenarse” a fin de sacar algún
provecho, olvidándose lo que dijo Lenin: “El ultimo capitalista nos
venderá la soga con que lo ahorcaremos”. Este no-gobierno está dominado
por dogmas, y por eso trajo a Stiglitz y Mazzucatto, dos delirantes
gurúes de que el crecimiento económico no es necesario, que la pobreza
es sustentable y que Chile es un experimento donde enterraran al
neoliberalismo. Para entregar el manejo de todo al Estado, controlado
por ellos, por cierto, con masas empobrecidas capturadas por bonos y
subsidios. Con el alto auspicio del globalismo y organismos
internacionales, OMS incluida.
Entonces, pretender que este gobierno, que carece siquiera de un plan
económico, que no puede tenerlo porque no cree en los conceptos
económicos de libre mercado, va a ser capaz de enfrentar y superar esta
gran recesión, es absurdo y estúpido. Es como un cura que no cree en
Dios… ¿Le pedirán un milagro? Lo lógico sería cambiarlo y rápido. Eso
nos pasa como país, hemos puesto al gato a cuidar la carnicería, y no es
cuestión de fe sino de simple lógica. Los paradigmas de este gobierno
se fortalecen en la destrucción y ruina económica, no les interesa
superar la crisis que ayudaron a crear. El sistema económico
“neoliberal”, se destruye de dos maneras: cambiando la constitución para
hacerlo más directo , o simplemente, arruinándonos. Y por esa vía
vamos, la recesión, dicen, duraría cinco trimestres… eso si se hace
algo, y para hacer hay que creer. Sino será permanente.