La libertad de
expresión, la libertad de protestar, la libertad de movilización, son
sin duda actos que siempre deben estar consagrados en los derechos de
las personas que viven en un Estado basado en un régimen democrático,
tal como está consagrado en nuestro país, que hace tres días cumplió 212
años de vida independiente.
Pero
esa libertad que tenemos los chilenos consagrada en nuestra
Constitución no puede, no debe por ningún motivo ser confundida con el
libertinaje, con el vandalismo, con tener derecho a insultar u ofender,
llegando en algunos casos a las agresiones físicas, acciones que hemos
visto en los últimos tiempos y, que, lamentablemente, se han ido
“naturalizando” en nuestra sociedad, quedando muchas veces en la más
absoluta impunidad.
Lo
vivido el día lunes recién pasado en la Parada Militar con motivo de
las Glorias del Ejército en el Parque O’Higgins es un hecho que debe ser
condenado y repudiado por todos quienes queremos y respetamos nuestra
democracia, nuestros símbolos, nuestros emblemas, pero, sobre todo,
nuestra institucionalidad. Dentro de esa institucionalidad está la
figura presidencial, que es el Jefe de Estado, al cual se debe respetar
más allá de nuestras ideologías, posturas y creencias.
Los
insultos del cual fue objeto el Presidente Gabriel Boric claramente
están fuera de todo margen democrático. Una cosa es la libertad de
expresión o de movilización, lo otro es insultar, ofender. Allí se
confundió la libertad con el libertinaje. Podemos estar de acuerdo o no con la figura
del Presidente, podemos ser partidario o no de su gobierno, de cómo
está llevando adelante su mandato, pero eso no nos da el derecho a
cometer este tipo de actos del cual fuimos testigos millones de chilenos
a través de la televisión.
Tampoco es bueno que las autoridades nacionales y regionales intenten bajarle el perfil a lo vivido, cuando señalan
que eran un grupo pequeño y de cierto sector político; ese no es el
punto, pues podrán ser uno, dos, cincuenta, cien, mil, pero lo que
debemos condenar es el hecho, venga de donde venga, pues por el bien de
Chile no podemos dejar que esto se naturalice.
El
llamado es a cuidar nuestra democracia, nuestros símbolos, nuestros
emblemas, nuestra institucionalidad. Lamentablemente en los últimos años
hemos sido testigos de actos condenables, a modo de ejemplo, la
interrupción de nuestro himno nacional en pleno proceso de instalación
de la Asamblea Constituyente y, el más reciente, lo vivido en Valparaíso
con la ofensa a nuestro emblema nacional.
Todos
estamos llamados a proteger y respetar nuestra democracia, a respetar
nuestros símbolos y emblemas, todos estamos llamados a respetar la
figura de nuestros presidentes o presidentas, por eso no quedemos al
margen de condenar con fuerza lo vivido en el Parque O’Higgins, de lo
contrario estaremos avalando que los insultos y las ofensas se vuelvan
una costumbre, conduciéndonos quizás a un camino sin retorno.