Cuando la oscuridad pareciera querer imponerse

Si
alguien nos hubiera observado desde las galaxias lejanas habría visto
que nuestro planeta es de colores café verdoso, azul y blanco, y de
noche la habría visto oscura, como una roca muerta. Con el correr de
poco más de un siglo esta imagen ha cambiado y ya tenemos fotografías de
aquella zona oscura que hoy dibujan con real exactitud los bordes de
los continentes gracias al brillo de las más grandes urbes del planeta.
Sin duda esto se irá incrementando a tal punto que, en vez de una piedra
perdida en el cielo, se ha transformado en un diamante brillante y
atractivo. La Unesco estableció el 16 de mayo como el día internacional
de la luz con el objeto de reconocer la importancia de los avances y
aportes de la luminosidad en todos los campos y facetas en la vida de
los seres humanos. El oscurantismo de antaño, que obligaba al
recogimiento para no estar expuestos a los peligros de los animales, a
los riesgos del terreno o para prevenir invasiones, hacía que las
culturas estuvieren sometidas a los temores de los “seres” que vivían en
la negrura de la noche, con una enorme gama de fábulas, tradiciones y
seres fantásticos creados con ocasión de aquello y que, muchas veces,
servía para el sometimiento de voluntades simples, no cuestionadoras y
obedientes. La historia evolucionó gracias a ella, a pesar de la
oposición de los grupos de poder que perdían su hegemonía y control. Con
la luz se pudo ver más allá de las sombras y esto abrió las puertas a
los grandes procesos de investigación en todas las áreas de la física,
de la química, de la educación y la cultura, y también de la evolución
del pensamiento, de modo tal que, de a poco, se fueron desterrando los
tabúes, los prejuicios y las barreras que restringieron el avance del
hombre. Cada vez que se encendía una lámpara nueva, se expandía
explosivamente alejando todo lo retenido y coartado. Cuesta que el ser
humano se acostumbre a los cambios y, sin duda alguna, así debió ser
cuando se iluminó por primera vez una casa, una calle, un edificio o una
ciudad. Sorpresa, excitación y también pavor. No era para menos. Algo
nuevo entraba a gobernar las vidas de las personas. La luz, fuente vital
para el crecimiento, seguridad y el fortalecimiento del hombre, se
celebra este día a través de la libertad de pensamiento y del
raciocinio, a fin de que las personas puedan no solo ver lo que se les
presenta, sino poder elegir, con la claridad de su luminosidad, lo que
es lo mejor para sí mismas, para su familia o para su entorno social,
regional o nacional. La luz física, la que nos gustaría llegue a todos
los rincones del planeta y de la cual están postergados los pueblos
menos desarrollados, es tan importante como la que debe iluminar las
almas de las personas, muchas de las cuales aún viven en procesos de
oscuridad, donde están sometidas a la tenebrosidad de las mentiras que
personas interesadas en no avanzar, aún hoy, en nuestros tiempos,
procuran difundir. Los temores de “esa oscuridad” vuelven a revivir las
fábulas, principios y seres fantásticos con los cuales a través del
terror se procura someter, una vez más, la voluntad y el entendimiento. A
pesar de que la luz está para el servicio, desarrollo y evolución del
ser humano, aún quedan algunos que les gustaría tener el control de los
interruptores para evitar aquello y no perder los privilegios obtenidos
gracias a las sombras que, día a día, se van diluyendo en el mundo. Se
presentan como los iluminados de nuestros tiempos y auguran desastres,
perjuicios y destrucción, y no se dan cuenta que son como las primeras
bombillas incandescentes, aquellas que con tanto uso terminaban
quemándose y siendo obsoletas las tirábamos a la basura. Como en los
tiempos antiguos, cuando los cambios de luz producían picazón en los
ojos y las pupilas se contraían para adecuarse, hoy los cambios de la
nueva luz asustan a quienes no están preparados para caminar en los
nuevos senderos que se abrirán para la circulación del hombre cada vez
más libre.

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