Cuando naturalizamos los ilícitos, entramos en un callejón sin salida

Hace algún tiempo, cuando cursaba un diplomando en ámbito de seguridad ciudadana municipal, tuve la oportunidad de conocer a un profesor que dictaba uno de los cursos en este post grado. Se trataba de un profesional de nacionalidad colombiana, con una amplia experiencia en seguridad ciudadana y prevención del delito.

Durante una de sus exposiciones, me quedó grabada una de sus frases de la cual cada cierto tiempo recuerdo, “cuando las autoridades, sin importar el cargo que tienen, empiezan a naturalizar los hechos de violencia, la delincuencia, el tráfico de drogas, el ingreso de personas en forma clandestina a un país determinado, la creación de carteles, entre otros hechos, es porque se ingresa a un callejón sin salida, del cual no se tiene retorno y lo único que queda es afrontar las consecuencias, ya que la solución es muy difícil de encontrar”.

Sin duda que, si hay un país en Sudamérica que conoce de carteles de narcotráfico, cuyo origen tiene su auge en los inicios de los años 70´ con la “bonanza” del comercio de la marihuana, en donde empezaron a aparecer los famosos carteles, es Colombia, país en el cual luego de la instalación de estas “organizaciones”, vio cómo se instaló el crimen organizado, que ha cobrado cientos de víctimas a lo largo de estas décadas. 

Pero por qué escribimos todo este preámbulo en la presente columna. Bueno, tiene su respuesta, sobre todo, basada en los últimos hechos que la comunidad magallánica ha conocido, que dan cuenta que la Policía de Investigaciones dio un certero golpe y dejó al descubierto un hecho inédito en la región, al desbaratar una organización que está siendo investigada por presuntos delitos de tráfico de drogas y migrantes, y lavado de activos.

Para muchos magallánicos esta noticia no sólo fue considerada como un hecho insólito en la zona, sino que a también causó mucha preocupación ante las evidencias que se han ido conociendo con el transcurrir de los días. A contar de esto, hay quienes expresan que estamos frente a una organización delictual que estaba operando en la región y nadie puede asegurar que no existan otras de este tipo. 

Es por esta razón, que hacemos el punto con aquella exposición del profesor colombiano, cuando decía que, al momento en que las autoridades, sin importar el cargo, empiezan a naturalizar hechos de violencia, el narcotráfico, el ingreso de extranjeros a forma ilegal, entre otros delitos, es que ingresamos a un callejón sin salida y sólo nos queda enfrentar las consecuencias. 

Hace tres meses escribimos una columna titulada “La droga llegó Magallanes para quedarse”, luego, el pasado 8 de agosto escribimos una nueva columna bajo el título “Qué estamos haciendo ante el flagelo de la droga en la región”. En ambas, nos basamos en la falta de herramientas tecnológicas y las carencias que tiene Aduana de Chile en la zona para detectar ilícitos como es el ingreso de droga, armamento y otras mercancías, a través de los terminales marítimos, aeropuertos y pasos fronterizos. 

Nuestra preocupación se instala a partir de la poca reacción que hemos visto de autoridades de gobierno desde que denunciamos estas carencias en Aduana, como a su vez tras los hechos que conocimos en los últimos días. De verdad, esperamos y deseamos que nuestras autoridades no vean esto como un hecho aislado y que piensen que, con el golpe dado por la PDI, no existan otras organizaciones operando en Magallanes. 

Hacen dos décadas, nos decían que la región era una zona de paso de la droga, pero hoy la realidad nos dice que la droga llegó a la región y está presente, y no sólo la droga, también podemos hablar de otras organizaciones delictuales que pueden estar operando en diferentes delitos. Es por eso que hacemos el llamado a las autoridades a no caer en el juego de la naturalización, ya que las experiencias nos dicen que, si lo hacemos, no tendremos retorno.

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