En Chile tenemos una danza delictual desenfrenada al ritmo de: robo, desfalco y corrupción.
Esta
semana conocemos el fraude al fisco, más grande la historia de Chile.
CNN nos informa que el monto es de $240 mil millones aproximadamente y
se asocia a 55 empresarios. Si con simpleza promediamos, cada uno se
llevaría $4.363 millones. Y pueden haber, 340 contribuyentes
involucrados.
Este
fraude involucra: facturas ideológicamente falsas, exportaciones
inexistentes, uso de datos de terceros para crear sociedades, lavados de
activos, etc.
El
diario El Mostrador nos informa que: son todos chilenos, no son figuras
destacadas a nivel nacional, algunos con actividades ligadas a la
política, servicios públicos, reponedores de supermercado, joyería
artesanal, entre otros. Pero la figura más oscura es el supuesto
cabecilla: José Antonio Pavez Canessa, de quien el diario El Dínamo nos
dice: “estableció 16 empresas de papel que emitió más de 100 mil
facturas falsas a 3.308 proveedores inexistentes, entre 2016 y 2020,
causando una defraudación de más de $ 56 mil millones”.
A
su vez, esta agrupación delictual, centró sus actividades en diversas
regiones de Chile, llegando hasta Los Lagos. Como magallánico esta vez
nos alegra que Chile llegue hasta Puerto Montt.
Por
su parte, y con un enfoque internacional, el diario El País de España
nos dice: “En el procedimiento policial, denominado Operación tributos,
fueron recuperados unos 14 millones de pesos (14.700 euros) y unos 15
mil dólares en efectivo, más de 300 coches con prohibición de enajenar,
inmuebles, entre otros bienes.
Estas
columnas ya parecen cuento repetido, pero el descaro de los
delincuentes financieros no tiene límite, y no digamos que solo de
cuello y corbata, porque mucho de los ladrones usan, poleras, faldas,
jeans u odian las corbatas por su trunca y demagoga ideología. Este
comentario está asociado a los demás robos como los casos: Fundaciones,
el audio de Hermosilla que puso precio al funcionario público corrupto,
el escándalo de Primus capital, que habla de lavados de activo, desfalco
y romance con modelos extranjeras.
¿Son
tan básicos nuestros sistemas informáticos de fiscalización que deben
pasar años para darse cuenta de millonarios desfalcos? ¿Se enfoca bien
las medidas de fiscalización o perdemos tiempo atormentando a PYMEs
legales, por diferencias mínimas o demorando sus devoluciones?
¿Involucrará corrupción a funcionarios públicos y cuantos son?
Mientras
tanto, existen contadores(as) colegiados que velan por la tranquilidad
de los clientes, haciendo hincapié en el respeto a las normas, para
tranquilidad de todos. Pero nos encontramos con una guerrilla de
asesores y empresarios delincuentes que practican el delito y
usufructúan de un sistema de fiscalización débil. Deben mejorar la
comunicación entre las diferentes entidades fiscalizadoras, revisar los
planes de fiscalización, y evaluarse seriamente el retorno de los
Colegios profesionales para tutelar el ejercicio de la profesión.