La pandemia del Coronavirus nos
dejó dos temporadas altas de turismo muy preocupantes, porque como tal
no fueron “altas”, todo lo contrario, fueron meses de constantes
pérdidas para hoteleros, gente del rubro gastronómico y pequeños y
medianos micro empresarios que viven de esta importante actividad
económica de la Patagonia. Pero el año pasado a partir de septiembre los
comenzamos a apreciar caminando por las calles de Punta Arenas y Puerto
Natales. Volvieron los turistas, especialmente los extranjeros. La
Región de Magallanes y Antártica Chilena se ha convertido de manera
progresiva en uno de los lugares más atractivos para conocer y pasear.
De un tiempo a esta parte, el interés de los turistas nacionales y
extranjeros se ha incrementado y las cifras esta temporada seguramente
nos volverán a poner con las alzas notables respecto de años anteriores
al inicio de la pandemia. El paraje de la Patagonia como tal produce un
concepto poco visto en otros lugares del planeta y redunda en la simple
promoción del “boca en boca”. Es tal el interés que no es raro ver
durante todo el año a miles de turistas de diversas nacionalidades que
se trasladan hasta la región para disfrutar del paisaje. El Estrecho de
Magallanes, Puerto Natales, Tierra del Fuego y la Patagonia en general
pueden volver a vivir, seguramente, su mejor periodo en términos de
oferta y demanda turística. Es el momento preciso para aprovechar esta
condición y explotarla al máximo. Las promociones hechas por los
estamentos respectivos han dado sus frutos pero aún es necesario ahondar
en el tema. El sur del mundo se ha transformado en un destino
incomparable, y debemos saber trabajarlo en términos económicos y
comerciales. La meta está más cerca de lo que podemos imaginar.