La
delincuencia ha sido uno de los grandes problemas de nuestro país,
especialmente en los últimos meses y las cifras no han bajado en nada,
todo lo contrario han aumentado. Punta Arenas desde hace tres
años no ha estado ajeno a esto. Y pese a que las cifras no lo reflejen
de gran forma, es una preocupación de toda la comunidad magallánica. La
percepción de inseguridad
aumentó y en ello no hay un misterio. Hace unos años se implementó el
plan Chile Seguro 2010-2014, con iniciativas para abordar el fenómeno de
la delincuencia. Y los resultados
fueron buenos: el porcentaje de victimización de hogares cayó de 33,6% a
24,8% entre 2009 y 2013, lo que significó que más de un millón 400 mil
personas dejaron de ser víctimas del delito en ese período. El temor de
hoy es que hay un estancamiento en torno al 35%. Y el robo con violencia
e intimidación ha aumentado en nueve mil casos. Y el temor a la
delincuencia, que según cifras de Paz Ciudadana, había caído hacia fines
de 2013 a su menor nivel en 15 años, hoy ha vuelto a subir alcanzando
un record de 41,1%. La pregunta de todos hoy es ¿por qué hemos
retrocedido en los últimos años? Las acusaciones son muchas, pero hay
una coincidencia ciudadana en que falta prioridad, visión y consistencia
en las decisiones. La delincuencia no está entre las prioridades y sí
una nueva Constitución. Las políticas en seguridad ciudadana que se
venían implementando han sido reformuladas y la gente está cansada de
ser víctima de la delincuencia. Además, debemos tener en cuenta de que
fueron nuestras propias autoridades
quienes normalizaron el vandalismo, la destrucción y la inseguridad. Ya
no es culpa de la justicia. Desde el Estallido Social todo cambió y
estamos en un país que vive atemorizado.