Poner palitos de última hora o machacar acciones claves en política no es solo un ejercicio de la coalición de gobierno. Si los partidos oficialistas nos demuestran que no son capaces de convivir, la oposición mostró que también tiene capítulos de desavenencias. Lo más llamativo, es que hoy cuentan con todo a favor para levantar una opción de gobernabilidad en el tiempo y no reaccionaria.
La acusación constitucional al ministro Ávila mostró el gran problema que tienen las derechas hoy en día: la irrupción del Partido Republicano. Chile Vamos, o la derecha convencional, ante la arremetida de la derecha radical, aún no encuentra su identificación y su proyección en el tiempo. El partido de José Antonio Kast deja en suspenso el futuro de la coalición y el fantasma de ser una mala copia.
Eso llevó a un error de forma y respeto básico en la última acción de la oposición: que un partido, Evópoli, anunciara públicamente que iba a votar en contra de una acción de sus socios de RN y la UDI, es parte del problema y fantasma republicano. Si Evópoli hubiese llevado su decisión, en silencio, nada de esto habría pasado, pero hacerlo previo, público y con críticas, es una excusa para llevar agua al molino del oficialismo y desmarcarse a costa de los socios. El partido en cuestión está en todo su derecho a hacerlo, pero eso provocó que Chile Vamos sufriera una puñalada al corazón de las confianzas. Más encima que la acción vino justo cuando el gobierno vive su mayor crisis, logrando el efecto de cambiar completamente la agenda y convirtiendo los autogoles del gobierno en golazos. La lógica individualista, donde se es parte del pacto en lo que conviene, pero cuando no conviene, uno hace lo que quiere, no es sinónimo de gobernabilidad ni ahora, ni para el futuro.
Lo más preocupante es que con la irrupción de la derecha radical, la derecha convencional es más que necesaria en el sistema político, porque Chile necesita partidos fuertes que estén lejos de la polarización o que sean útiles al contexto o clima de opinión pública imperante.
La derecha convencional requerirá mucho esfuerzo para poder recuperarse. Creo que el desastre del gobierno actual y la mala proyección que puede significar pensar un segundo gobierno o una continuidad de esta tendencia obliga a corregir, mejorar y repensar la coalición, diferenciándose del partido republicano y no mimetizándose.
Las crisis son también oportunidades y responsabilidades. La oposición necesita tener una propuesta de fondo que tenga raíces y, al mismo tiempo, ramas para alcanzar la mayoría. Un mero pacto electoral -así como hoy se ve – es un león sin dientes.