Nuevamente en la contingencia política surge un round basado en las ideologías; y esta vez se trata de la “Ley de Usurpaciones” presentada por el Gobierno. Una usurpación, de acuerdo al código penal de nuestro país, consiste en la toma de posesión de un bien inmueble, derechos de aguas o derechos reales ajenos, o mantenerse en posesión de él en contra de la voluntad de su dueño. Parece muy sencillo el tema y de fácil de solución, pero debemos tener en cuenta que el problema no es la usurpación, sino las causas que la originan y las consecuencias que tendrá ésta.
Cuando éramos niños y tomábamos algo ajeno en el colegio -por ejemplo, un lápiz- venía un profesor o profesora y nos daba una charla al respecto; nos indicaba que lo que habíamos realizado no estaba bien y que debíamos recapacitar al respecto. En ocasiones, el profesor incluso podría adentrarse en las causas de dicha acción, en especial, si lograba apreciar que producto de ciertas carencias el niño decide tomar algo ajeno. En este punto la lección cambia, ya que el profesor le indica que, si le falta un lápiz puede solicitarlo, pero jamás tomarlo sin consentimiento. En el caso que las motivaciones sean diferentes, y el niño haya tomado el lápiz sólo por diversión, las consecuencias son distintas. De seguro, el profesor a cargo solicita una reunión con los padres del niño para plantear el tema y, advertirles la importancia de que su hijo entienda lo que significa la propiedad. En todos esos casos, la importancia de las causas que llevan al niño a tomar algo ajeno son importantes para definir las lecciones o consecuencias de la acción. Asimismo, debemos considerar que la acción de usurpar también puede tomar matices distintos. Por ejemplo, un niño puede utilizar la violencia para tomar el lápiz e incluso, puede solicitar a otros compañeros que lo ayuden. Esta escena ya tiene más protagonistas, el tema se complica en todo su esplendor, generando distintas consecuencias para todos los implicados, donde en ocasiones los castigos pueden ser severos, como una expulsión del colegio. Es con esto, que el tema va más allá de la usurpación, ya que me atrevo a indicar que la mayor parte de la sociedad repudia el tomar algo ajeno; no obstante, las causas, los hechos y las consecuencias son temas que debemos reflexionar. Incluso no podemos comparar un lápiz con una “toma de un terreno”, pero el ejemplo sirve para la discusión.
En la actualidad, la conversación se centra en las consecuencias de usurpar y aquello es el principal fruto del debate actual: el castigo. El código penal considera actualmente multas para quienes participen de las usurpaciones, mientras que el texto despachado al congreso pretendía partir con penas de cárcel, lo cual es independiente de si éstas fueron violentas o no. Empero se impone la propuesta del gobierno, la que plantea un mecanismo intermedio, donde el juez -como nuestro antiguo profesor- evalúe la multa o privación de libertad. Aquí los sectores políticos se dividen, algunos indican que las consecuencias son muy suaves, mientras que otros, argumentan que no serán participes de una discusión donde se criminalice un problema social. En fin, castigo, castigo y castigo.
Ahora bien, no me mal entiendan, mi posición siempre ha sido la defensa del derecho de propiedad, de modo que, la apropiación indebida de algo debe tener una consecuencia. En el caso de nuestro profesor, es muy probable que dicha consecuencia sea una reprimenda, dependiendo de la gravedad del asunto. Es más, este profesor seguro conseguirá un lápiz para su estudiante, sin embargo, en nuestra sociedad ¿Qué ocurre cuando una familia tiene una carencia? ¿A quién recurre?
Ya tenemos los espacios para reflexionar sobre el castigo, sólo nos faltan los espacios para reflexionar sobre las causas. Aquella es la invitación.