Para
propiciar un espacio de reflexión sobre las labores de cuidados,
durante esta semana nos trasladamos a las comunas de San Gregorio,
Porvenir y Timaukel para organizar con la ciudadanía diálogos
intergeneracionales entre jóvenes y personas mayores.
La
creación de esta instancia contó con el apoyo de la dirección regional
del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) y del Instituto Nacional
de la Juventud (INJUV), servicios relacionados que se encargaron de
convocar a la ciudadanía y a los alcaldes a estas instancias de
aprendizaje vivencial.
A
través de un diálogo cercano entre ambas generaciones, conocimos los
testimonios de vida de personas que fueron disímiles en cuanto a lo que
se esperan socialmente en materia de cuidados. Algunos sienten que
cuidar es un acto de cariño e innato al ser humano, que debe ser
compartido entre todos los integrantes de una familia, mientras hay
quienes creen que es un proceso que debemos vivir de manera individual.
Escuchamos
como una persona hoy se siente tranquila, ante el hecho que su hijo fue
parte de las labores de cuidados de su abuela cuando estuvo enferma.
Pero también, conversamos con personas que no desean ser cuidadas por
sus hijos/as, porque sienten que no es una tarea que les corresponda,
debido a que los hijos/as deben centrarse en la realización de sus
metas.
También,
los temas de género se hicieron presente. Un vecino nos contó que
cuando cuidó a su madre enferma, tuvo que pedir ayuda a otra persona
(mujer) para poder asistirla en las actividades de la vida diaria, como
ducharla o vestirla. Nos comentó que durante su crianza, las labores de
cuidados y las tareas domésticas le fueron ajenas por ser hombre.
Sin
embargo, todos y todas llegamos a la conclusión que el Estado debe
garantizar los cuidados durante el ciclo de vida, porque entendemos que
los cuidados no son un problema individual o familiar, sino un derecho
social. No reconocerlo como tal tiene graves consecuencias para las
sociedades. Al ser una actividad que mayoritariamente es ejercida por
integrantes de la familia y de manera no remunerada, no se considera como un trabajo.
Durante
el 2021, el Banco Central determinó que el trabajo doméstico no
remunerado representó un 25,6% del PIB ampliado. Esta invisibilización
genera una postergación de las personas que cuidan, quienes
mayoritariamente son mujeres, mujeres que han debido en muchas ocasiones
dejar de trabajar remuneradamente, lo que las convierte en personas
vulnerables.
Esta
es una situación de la que buscamos hacernos cargo con la
implementación del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados “Chile Cuida”,
que será parte de la política social que buscamos implementar, y que
consiste en una red integrada e intersectorial de servicios,
prestaciones y beneficios públicos y privados, articulados y regulados
por el Estado para garantizar el derecho universal del cuidado.
Esta
es una de las reformas estructurales más importantes del Presidente
Gabriel Boric, porque por primera vez ponemos en el centro a las
personas que cuidan y a quienes requieren de cuidados, lo que sin duda
también significa un cambio cultural, debido a que exige aprender a valorar y a redistribuir el cuidado.