Más allá de las
diferencias políticas e ideologías que coexisten en Chile y, por cierto,
en nuestra región, no podemos desconocer que estamos transitando un
segundo proceso constitucional como consecuencia de las millones de
personas que se movilizaron y clamaron por un país más justo, equitativo
e igualitario y por una clase política que se comprometa con los
intereses del pueblo.
Tal
como en aquella histórica movilización del 25 de octubre que reunió a
millones de personas a lo largo de Chile, los territorios están
compuestos por una nutritiva pluralidad de intereses y visiones de país
que debemos esforzarnos por comprender y atesorar, anhelo que hoy no se
ve reflejado en el texto que la derecha,en su mayoría, nos ha impuesto
en el consejo constitucional..
En
el transcurso de estas semanas, donde hemos confrontado puntos de vista
que han decantado en las votaciones en el pleno, nuestro sector, Unidad
Para Chile, no ha sido escuchado. Es preocupante que, en la búsqueda de
una solución institucional que se dió al profundo descontento social
evidenciado en la revuelta de octubre y que tiene como propósito dotar
de una constitución que le brinde estabilidad a la institucionalidad
política y soluciones a las problemáticas ciudadanas, estén dejando
fuera a un sector importante de la sociedad.
En
este momento crucial para Chile, es fundamental lograr un consenso que
refleje la diversidad de voces y perspectivas que conforman nuestro
país. Solo así podremos construir una nueva Constitución que responda a
las expectativas de un Chile más justo y equitativo, donde la política
esté genuinamente al servicio de la ciudadanía y no de mezquinos
intereses.
Sostengo
que el proceso constitucional se debe cerrar y, a la vez, debemos ser
conscientes de que hay estándares mínimos que el pueblo de Chile merece,
sin los cuales no podremos hablar de una constitución que otorgue
respuestas a las demandas ciudadanas que nos llevaron hasta este
proceso.