El
pasado 11 de octubre, y a pesar de no contar con la difusión necesaria
ni con el abordaje que debería tener, se conmemoró el Día Internacional
de la Niña. Probablemente, al leer estas líneas, pondrá cara de sorpresa
e incredulidad quizá al no haber escuchado nunca de esta fecha.
Lo
cierto es que, en 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas
(ONU), declaró adoptar este Día de la Niña, como una forma de “reconocer
los derechos de las mismas y los desafíos únicos a los que enfrentan en
todo el mundo, así como promover su empoderamiento y el cumplimiento de
sus derechos humanos”.
Con
toda y justa razón, porque, si bien nuestras sociedades han avanzado
durante los últimos años en cuanto a emparejar la cancha en varios
aspectos de la vida, todavía estamos muy al debe en temas básicos y que
requieren atención y urgencia.
Hablamos
principalmente de la discriminación por género, cuestión que
lamentablemente la mujeres comienzan a percibir a muy temprana edad.
De
acuerdo con datos de la ONU, casi 1 de cada 5 niñas no termina el
primer ciclo de secundaria y casi 4 de cada 10 niñas no terminan el
segundo ciclo de secundaria en la actualidad.
La
discriminación no termina ahí. Siguiendo con la información que
proporciona el organismo internacional, en todo el mundo, las niñas de
entre 5 y 14 años dedican 160 millones de horas diarias más al trabajo
doméstico y de cuidados no remunerado que los niños de la misma edad.
Las
brechas de género afectan de esta manera a las mujeres en la vida
económica, social, cultural y educativa, y muy particularmente a las
niñas.
El
Consejo Nacional de Educación (CNE), informa que, nuestro país ha
alcanzado significativos avances en el empoderamiento político y en
logros educativos. Sin embargo, tenemos por delante desafíos importantes
en la participación económica y en oportunidades.
En
estos aspectos, de acuerdo con el Global Gap Gender Report 2023 del
Foro Económico Mundial, Chile se ubica en el lugar 96 de 146 países,
presentando una brecha del 36%.
Hablamos
aquí del indicador que mide temas como la participación laboral y la
brecha salarial. Lamentablemente no contamos con estudios o datos
locales, pero probablemente sus resultados estarían alineados con el
promedio nacional y mundial sobre el camino que todavía tenemos por
delante y los obstáculos que necesitamos superar como sociedad para
alcanzar una vida más plena y justa.
Así,
una vez más, la escuela y los espacios educativos aparecen como la
institución clave en los profesos transformadores que contribuyen a
cambiar los modelos y avanzar finalmente en igualdad.
Las
comunidades educativas tienen de esta manera, la misión de garantizar
derechos fundamentales, y al mismo tiempo de brindar las herramientas
necesarias y el acompañamiento para superar barreras, promover la
igualdad de género, y formar niñas y adolescentes más empoderadas,
fortaleciendo todas sus capacidades y potencialidades.
Más
y mejores oportunidades para las niñas y adolescentes de Magallanes, a
través de su participación activa, de escuchar su voz, de promover su
interés en la ciencia, en la investigación, la tecnología, y en todos
aquellos temas relevantes para el desarrollo, para mejorar la calidad de
las personas, y para superar definitivamente las desigualdades y las
injusticias.