Notable
resulta la declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe acerca
de la dignidad de la persona humana. Este esfuerzo que demoró cinco años
en redactarse responde a la bimilenaria sabiduría de la Iglesia en los
temas que tocan el corazón de la vida humana, la convivencia y su
destino dado que como lo dice el documento “la Iglesia anuncia, promueve
y se hace garante de la dignidad humana”.
Este
documento magisterial goza de una profundidad intelectual
extraordinaria, de una antropología que responde con creces a lo que el
hombre es, y de una gran hondura espiritual. Debiese ser leído por los
católicos, pero también por toda persona que busca respuestas a los
grandes desafíos que presenta el mundo en lo que al respeto de la
dignidad humana se refiere.
Este
texto nos pone de lleno en el drama del siglo XXI, que al desconocer la
dignidad del ser humano entró en una espiral de violencia y de
violaciones a la dignidad del ser humano que obligan a una denuncia
clara y sin ambigüedades.
El
no rotundo a todo lo que atenta en contra del ser humano es un sí
rotundo a la vida, a la integridad física y síquica, a su libertad y al
derecho y deber que tiene de desarrollar al máximo todas sus
capacidades, dones, carismas y pericias que se le ha regalado por la
impronta de Dios que su ser lleva grabada.
En
efecto, el texto nos recuerda que la dignidad del ser humano proviene
del hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, lo que hace
que su vínculo con Dios sea indeleble; que esa imagen ha sido elevada
por Cristo, en virtud de que con su encarnación confirmó la dignidad de
su condición corporal y espiritual y porque su vocación última y
definitiva es el encuentro con Dios. Así, el documento desde la
antropología teológica anima a reconocer en la fe, una gran aliada de la razón para promover la vida humana, su dignidad y terminar con todo lo que la ofusca.
Los
principios fundamentales que animan este documento es que la dignidad
del ser humano está radicada en su ser, y no en lo que dice o hace. Es
una dignidad inherente a su condición e indestructible y existe “más
allá de toda circunstancia”.
Este
hecho es relevante y significativo toda vez que nos lleva a afirmar que
es una “verdad universal” y que lleva a proclamar “la igual dignidad de
todos los seres humanos, independiente de su condición de vida o de su
calidad”. Ello exige un respeto irrestricto, siempre, y bajo todas las
condiciones.
A
la luz de estas verdades se analiza una por una aquellas situaciones
que gravemente atentan en contra de la dignidad del ser humano, como los
atentados en contra de la vida en cualquiera de sus etapas de
desarrollo, la pena de muerte, las mutilaciones, la tortura, el suicidio
deliberado. También entran en esta categoría, la trata de blancas, las
deportaciones, la prostitución, las condiciones laborales degradantes y
la deshumanizada vida de las personas encarceladas.
A
este elenco de violaciones a la dignidad de las personas se suman
nuevos atentados como el drama de la pobreza, la guerra, el trabajo de
los migrantes en condiciones deplorables, los abusos sexuales, la
violencia contra las mujeres, el aborto y la eutanasia, la maternidad
subrogada, el descarte de las personas con discapacidades, la teoría de
género, el cambio de sexo que, por regla general, corre el riesgo de
atentar en contra de la dignidad única que la persona ha recibido desde
el momento de la fecundación y, por último, la violencia digital.
Estudiar
este documento nos ayudará a comprender la grandeza de la dignidad
humana y a trabajar con más ahínco, para terminar con todo lo que atente
en contra de ella.