La
Academia Diplomática Andrés Bello, es una de las más antiguas de
Sudamérica por lo que ostenta el privilegio de haber formado
profesionales no tan solo nacionales sino que también de países vecinos y
de otros países del orbe. Lo anterior, permite visualizar su
trascendencia y calidad de formación que entrega a quienes en su momento
han de representar a sus respectivos países en diferentes funciones,
tareas y misiones de envergadura.
Su
creación data de junio de 1954 y de allí ha ido generando personal
diplomático que han asumido tareas y encargos que el Gobierno les ha
encomendado.
Traigo
a colación lo anterior, porque en estos días el país y la opinión
pública en general se ha hecho eco por decisiones asumidas al más alto
nivel, presidencia de la República, lo que concita diversas
apreciaciones frente a la medida de expulsar de la Feria internacional
del Aire a Israel. Ello, por sostener acciones bélicas en la franja de
Gaza con fuerzas palestinas y por un conflicto histórico que se
sostiene por la dominación territorial del sector.
La
determinación que ha provocado tanta controversia se suma a otras
situaciones y en donde se ha dejado claramente establecido, que para el
Presidente de la República, Israel no es un Estado que concite su
simpatía.
Respetable
postura y hasta muy sano conocerla, el tema es que, él representa a una
Nación y no debe cruzar sus particulares intereses, con los que el país
como conglomerado sostiene. Me quedo con una nota diplomática
presentada a organismos pertinentes, dando a conocer la postura del
país.
Más
sensato y correcto, liberando de críticas y juicios que más que ayudar y
construir, profundizan nuestras propias divisiones y diferencias
internas, generando un peor clima de convivencia que el ya existente.
Para
evitar aquello, es preciso señalar que, antes de tomar o definir
situaciones de envergadura estas deben aplicarse con la mayor cautela y
prudencia posible. Cuidando no lesionar los intereses del país y menos
de organismos o instituciones del Estado.
Desde
un prisma particular, se nos ocurre que quienes asumen altas funciones
de Gobierno deberían, si es que ya no se hace, recibir una pincelada en
materias de relaciones exteriores con el sano objetivo de instruirse en
lo que materias diplomáticas se trata.
Existe
el argumento y que frecuentemente se esgrime, el diálogo, incluyendo
con aquellos que se tienen válidas diferencias. Bueno pues, es el
momento de practicar lo que elocuentemente se predica y el respeto y
consideración hacia nuestro país surgirá espontáneamente.
Nuestra diplomacia, la de Chile, no la de un partido o de un gobernante, además de tener una seria y transversal continuidad
en los temas más relevantes y fundamentales, como los que tienen que
ver con los intereses nacionales, se enfrenta en el presente, a diversos
desafíos, que suelen estar marcados por la complejidad de un mundo que
tensiones geopolíticas o crisis socioeconómicas y políticas.
Junto
con ello, Chile debe estar comprometido con la paz y la cooperación
internacional, el desarrollo sostenible y en cómo se proyecta una imagen
consecuente con la posibilidad de atraer inversiones, por lo tanto,
cualquier decisión que involucre a terceras naciones, puede tener
consecuencias en cualquiera de los aspectos menciones, y otros tantos.