Esta
semana que finaliza recibimos con mucha alegría la noticia que el
nadador paralímpico Alberto Abarza consiguió la primera medalla de oro
en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020, la primera en mucho tiempo que
llega del esfuerzo y trabajo del joven deportista.
Historia
de esfuerzo y sacrificio que, tal como mencionó el ganador de los 100
metros espalda, “es un camino largo, de muchos años, no es llegar y
estar acá”. “Los sueños están para cumplirlos, con trabajo se puede
lograr hasta lo imposible”, señaló el nadador.
La
historia de Alberto puede ser la de muchos chilenos o chilenas en
situación de discapacidad, los que deben hacer un doble esfuerzo, al
menos, para poder alcanzar sus objetivos, sin olvidar el mismo esfuerzo
que hacen su entorno cercano y familias.
Trabajar,
estudiar, recrearse, hacer deporte o simplemente transitar por las
calles de sus ciudades no debería ser un sacrificio, sin embargo, todos
sabemos que la situación es mucho más compleja para casi el 20% de la
población de 2 y más años en situación de discapacidad. De acuerdo con
indicadores del Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis), hablamos
de casi 3 millones de personas en todo el país.
En
el plano local, casi un 24% de la población adulta se encuentra en
situación de discapacidad en Magallanes (porcentaje más alto que el
promedio de 20% nacional). La mayoría de ellas son mujeres.
Siempre
es oportuno revisar cuánto estamos haciendo para alcanzar un desarrollo
pleno de nuestras comunidades, entendiendo esto como, una inclusión
plena de las personas en igualdad de derechos.
No
se puede ni sería justo desconocer los esfuerzos que se han realizado
durante este tiempo para avanzar hacia ese objetivo. Desde el Estado,
las instituciones y la sociedad civil se ha contribuido a visibilizar la
discapacidad y las necesidades que tenemos como país para ir derribando
las desigualdades.
A
comienzos de 2021, desde el Ministerio de Desarrollo Social y Familia
valoraron la publicación de la ley que promueve el uso de lengua de
señas en ámbitos como la educación, salud y trabajo reconociendo a la
lengua de señas como lengua oficial de las personas sordas. Este logro
no es menor si se considera que en Chile existen más de 700 mil personas
con algún grado de pérdida de audición.
En
otro ámbito, Senadis y Conaf están trabajando en una estrategia
nacional para potenciar la accesibilidad y la inclusión en el turismo.
Además, en abril se cumplieron tres años desde la promulgación de la Ley
de Inclusión Laboral en Chile que busca incentivar la incorporación
laboral de las personas en situación de discapacidad.
En
estas u otras iniciativas que propenden a una mayor inclusión social,
existe el componente cultural y de responsabilidad que no se debe pasar
por alto. Para llegar a cumplir los objetivos trazados es necesario esa
cuota relevante de compromiso por parte de las empresas y empleadores,
instituciones educativas, y del propio Estado para que todas esas
instancias y propuestas finalmente se incorporen a nuestra cultura y se
instalen de manera definitiva.
Las
personas en situación de discapacidad ya hacen y continúan haciendo el
esfuerzo y sacrificio suficiente par salir adelante y sobreponerse a los
obstáculos que se les imponen. La reflexión pasa ahora por hacer
cumplir las leyes y garantizar los derechos, la accesibilidad universal,
la coordinación y programación de las acciones públicas desde la
perspectiva de la inclusión, promoviendo una educación y cultura del
respeto.