Don Fermín: el “Entrenaol”

Como no recordar en estos tiempo a Don Fermín, Director Técnico (DT) de un equipo de futbol sufrido y con muchas historias de barrio. Este personaje, protagonista de un programa de televisión de los años ’80 llamado “Troncal Negrete” era en realidad un gasfíter que estampa -él mismo- en una polera roñosa y desgastada su rol como “Entrenaol” y se convierte en una persona querida por la cultura popular de nuestro país. 

Como no admirarlo, si él encarna a un dirigente, que se mueve por la pasión y afición por el deporte; lo mueve la admiración por el talento de niños y jóvenes que se podrían convertir en grandes figuras del futbol nacional y, porque no soñarlo y pensar en el futbol internacional, como ocurrió con Don Elías o Carlitos Caszely. De modo, que Don Fermín era una pieza fundamental para los sueños deportivos de sus cercanos en un contexto sin recursos, como lo era Chile en aquel entonces. 

En la actualidad, aún tenemos aquellos dirigentes -como Don Fermín- dando vueltas en las juntas de vecinos y en pequeños clubes deportivos; aún existen aquellos dirigentes movidos por la pasión del deporte tratando de recurrir a autoridades, para conseguir transporte u obtener fondos que permitan contar con la implementación adecuada para aquellos entrenamientos, que en muchas ocasiones no son acompañados por las inclemencias del clima de nuestra región. Pero algo ocurrió en el camino; algunos Don Fermín dejaron de existir, en especial, en aquellas grandes corporaciones que día a día, veían como la obtención de recursos era compleja, ya que no era suficiente los fondos que aportaban las humildes cuotas de sus asociados o los bingos -como dijo por ahí, algún ministro de un gobierno que es mejor no recordar-. 

En fin, el “Entrenaol” tuvo que dar un paso al costado y observar cómo grandes corporaciones de futbol se tuvieron que transformar por necesidad en Sociedades Anónimas con accionistas de cuello y corbata que modelaban en las conferencias de prensa poleras de los equipos que ahora les pertenecían. Si, digo que les pertenecían ya que literalmente los compraron. Sin embargo, la pasión que los movía ya no era la de Don Fermín, sino que más bien la pasión se correlacionaba directamente con la rentabilidad económica y financiera que entregada uno u otro equipo de futbol. 

En esta transición, nos hicieron creer que parte de los clubes podrían pertenecer a la propia afición, ya que esta podía adquirir “acciones” de sus equipos favoritos, y lo hicieron. De hecho, existen muchas fotografías de fanáticos mostrando como pudieron adquirir parte del equipo de sus amores. Sin embargo, el porcentaje es tan bajo que sólo representa un acto simbólico que pueden conservar en un cuadro de su pared. Incluso, la transmisión de los enfrentamientos de aquellos clásicos, se venden a cadenas de televisión por cifras astronómicas que lleva a que sólo las familias con cierta posición socioeconómica pueda presenciar dichos enfrentamientos de los fines de semana. Para que hablar de la indumentaria deportiva plagada de marcas, que borró de la faz de la tierra el inocente autonombramiento escrito por el mismo Don Fermín como “El Entrenaol” del Troncal Negrete en su polera.

Pero bueno, no nos podemos negar a esta realidad, ya es sí; el mundo de los negocios llegó para quedarse, y llegó con la idea de mejorar el futbol nacional. No obstante, el transcurso del tiempo ha demostrado que el remedio puede ser peor que la enfermedad. Muestra de aquello es la marginación de Chile del Mundial 2030 lo que es un verdadero balde de agua fría para nuestra afición.

De verdad -si alguien me lo preguntara- creo que Don Fermín podría haber negociado mejor en la Conmebol que un dirigente de cuello y corbata. En fin… nos quedamos sin Mundial.

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