Dos años del gobierno

Ayer se cumplió dos años del gobierno del Presidente Gabriel Boric y comienza el llamado “segundo tiempo”. Es la hora de sacar balances respecto al primer tiempo y el comienzo segundo, es momento de revisar lo que el Presidente Boric ha hecho.

Las noticias son preocupantes. Pues, es evidente que ya no se hizo lo que se dijo que se iba a hacer. El programa de gobierno salió por la ventana antes de entrar a la casa, y no hay forma de que vuelva a tocar la puerta.

Apenas Boric asumió su mandato, hace dos años, se acabó. Se perdió el control de la agenda y nunca se recuperó. El primer gabinete se cayó al poco andar y con ello la garantía de que lo que vendría sería transformador. En su lugar, se instaló un segundo gabinete, con otras personas, pero que tampoco funcionó. Hoy prima la resignación.

En lo material, no se ha logrado empujar más que un par de leyes, pero ninguna en línea con lo prometido. El gobierno que lo venía a cambiar todo no ha hecho más que lo mismo.

Lo que se ha hecho hasta ahora lo podría haber hecho cualquiera. El problema es que probablemente lo habría hecho a un costo mucho, pero mucho menor.

Por eso, es importante no solo mirar cuánto se ha hecho, sino que cuánto se ha perdido por no haber hecho otras cosas, o haber hecho las mismas cosas, pero mucho antes.

Por ejemplo, van dos años perdidos de debate previsional. Si el gobierno no hubiese forzado su suerte desde el comienzo, ya se habría promulgado una reforma agregando un 6% adicional a la cotización de las cuentas de los trabajadores. Pero por empujar caprichos ideológicos, y tratar de satisfacer a los mecenas políticos, ha dilatado el debate hasta el punto de anularlo.

¿Dónde estaríamos si el presidente Boric no hubiese negado la crisis de seguridad en agosto de 2022? ¿Dónde estaríamos si el subsecretario Monsalve no hubiese desconocido la llegada del Tren de Aragua a Chile? ¿Dónde estaríamos si el ministro Marcel no hubiese amarrado todas sus negociaciones previsionales a reformas tributarias? ¿Dónde estaríamos si Tohá se hubiese mantenido firme en su formación concertacionista y no hubiese caído cautiva a la mística revolucionaria del Frente Amplio? ¿Dónde estaríamos si la ministra Vallejo hubiese asumido su cargo sin tratar de colgarle todo lo que no funciona al gobierno anterior?

Son todas preguntas contrafactuales, pero que apuntan a la misma respuesta: ciertamente no estaríamos aquí.

Boric podría llegar a acuerdo pero si se va al centro, pierde a la izquierda, y si se mantiene en la trinchera, sacrifica resultados. Un dilema clásico en situaciones de coaliciones amplias y sin experiencia.

El análisis está respaldado en los números. Las encuestas muestran consistentemente que, de cada tres chilenos, dos desaprueban al presidente. Con eso, Boric se ha transformado en el presidente con peor evaluación promedio desde el retorno de la democracia. Ningún otro presidente había obtenido resultados tan paupérrimos en un “primer tiempo” como Boric.

Si alguna vez hubo esperanza, ya no queda nada. Los únicos que siguen respaldando al gobierno son de la izquierda dura. El centro moderado e independiente ya se volcó en contra.

La razón es evidente. Si las prioridades de las personas son la seguridad, la inmigración y las pensiones, las prioridades del gobierno son proteger al régimen venezolano, al Partido Comunista y al pueblo palestino.

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