Economías en zonas aisladas: el caso de Estonia

Para
comprender la dinámica económica, muchas veces, es necesario conocer de
casos de estudios que nos pueden orientar sobre medidas en nuestra
realidad inmediata, en donde nuestra región presenta problemas de
comunicación, aislamiento y acceso a diferentes servicios que nos hacen
repensar en cómo enfrentar los desafíos pendientes.

Galopante
crecimiento económico, desempleo a la baja, exportaciones crecientes y
superávit presupuestario, parece ser imposible encontrar en zonas
aisladas, pero ésta es la realidad de Estonia luego de 7 años de estar
al borde del colapso económico. Pero ¿Cómo es que un expaís soviético de
1.3 millones de habitantes, más pequeño que la Región de Magallanes,
logra vencer a la adversidad que se vive en el resto de la Unión
Europea?, el investigador Javier Vergara, chileno radicado en ese
pequeño país, señala que no son más que la evidencia empírica de las
virtudes de una economía libre y de un Gobierno comprometido con la
austeridad.

Dominada
por Dinamarca, Alemania, Polonia, Suecia, la Rusia zarista y la Unión
Soviética por casi 800 años, Estonia ha sido durante casi toda su
historia un país estancado económicamente. Luego de la disolución de la
Unión Soviética a principios de los años 90, Estonia logra reclamar su
independencia; es durante esta acalorada coyuntura internacional que los
estonios, desesperados por un nuevo liderazgo, eligen al primer
ministro más joven en la historia de Europa, Mart Laar, de 32 años.

Mart
Laar, oriundo de Viljandi e historiador de la Universidad de Tartu, no
tenía idea sobre economía. El único libro que había leído sobre el tema
era “Libre para Elegir” de Milton y Rose Friedman, por lo que al verse
enfrentado a las desastrosas condiciones económicas de principios de
1992 (con 1000% de inflación, escasez de productos básicos y 35% de
desempleo), decidió aplicar gran parte de las ideas de dicho libro. ¿El
resultado después de 27 años? Un presupuesto fiscal equilibrado, una
deuda pública casi inexistente, un confiable régimen de libre comercio,
un sector bancario y comercial competitivos, un ambiente amable para
inversiones extranjeras, cero impuesto sobre las utilidades de
sociedades que sean reinvertidas en Estonia y un impuesto sobre la renta
de tasa fija.

El
hecho de haber establecido cero impuestos sobre utilidades sociales que
se reinvirtieran en el país ha hecho que el pequeño tigre del Báltico
se convierta en un imán para las inversiones extranjeras. Estonia es
actualmente reconocido como el país más competitivo de los nuevos
miembros de la Unión Europea.

No
obstante, uno de los puntos clave y más controversiales de la política
económica estoniana ha sido el impuesto a la renta de tasa fija, con el
cual Estonia debutó como el primer país del mundo en instalar este
sistema tributario. La mayor parte de los países ha adoptado un impuesto
de tasa progresiva, lo que significa que la tasa tributaria aumenta a
medida que aumentan los ingresos de los contribuyentes. Por su parte, un
impuesto a la renta de tasa fija es un sistema que aplica la misma tasa
para cualquier monto de ingresos.

El
acceso de servicios gubernamentales lo ha solucionado a través de una
digitalización y acceso de conexión a redes, hoy los ciudadanos de
Estonia pueden superar el aislamiento con servicios y tramites
gubernamentales seguros a través de internet, solucionando una serie de
problemáticas con instituciones eficientes en cualquier lugar del
territorio.

Un caso de estudio interesante que nos puede entregar luces de cómo solucionar diversas problemáticas en nuestra geografía.

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