Hablar
de educación siempre es un tema, su actualización está directamente
relacionada con su propósito y fundamento que le es propia. Pero hay que
partir desde algún lugar, y en este caso particular, lo hacemos desde
la primera infancia, a propósito de la Semana de la Educación Parvularia
que se conmemora este mes en el país.
Coincidiremos
en que, en esta etapa de la formación se requiere de ciertas
habilidades y capacidades muy particulares. Claro está que entendemos
que la función aquí es, proporcionar las primeras herramientas a niñas y
niños, sobre la base de un acompañamiento integral que beneficie la
oportuna crianza junto a las familias para favorecer su bienestar, y al
mismo tiempo, preparar a las infancias en el camino del proceso
educativo que vendrá.
Conjuntamente,
que estamos hablando de un periodo de la educación fundamental en el
desarrollo humano y formativo de las personas, argumentos más que
suficientes para dedicar un espacio a dialogar sobre su presente y
futuro.
La
educación parvularia, está muy vinculada con la preparación de los
equipos pedagógicos que hacen posible llevar adelante este relevante
trabajo, no siempre reconocido como debería, considerando los alcances
de su gestión, su objetivo y significado en el contexto educativo
nacional.
Una
educación integral, centrado en el desarrollo pleno de las niñas y
niños, sujetos de derechos, no puede estar ajena a los intereses del
Estado y de sus políticas educativas. No puede ser de otra manera, si
consideramos que, casi 800 mil niñas y niños en Chile forman parte de
esta etapa educativa, según datos de 2021.
De
ahí la importancia del fortalecimiento no solo de los espacios
adecuados para el desempeño de las estrategias pedagógicas pertinentes,
también lo es, el énfasis que se aporte a las instancias formativas de
las y los educadores de párvulos.
Una
articulación adecuada entre los objetivos de la educación parvularia y
la formación universitaria y técnica, alineada con las instituciones de
educación superior, resulta de fundamental importancia, desde su base
curricular hasta las instancias de prácticas y contexto del desempeño
laboral.
La
cobertura, una de las bajas de la OCDE, es otro de los aspectos
preocupantes en esta materia. El cierre prolongado de establecimientos o
la baja asistencia como consecuencia de la crisis sanitaria, deben ser
temas abordados de manera conjunta con los actores involucrados. Uno de
los efectos que es necesario revertir, tiene que ver con la pérdida de
aprendizajes que se han visto afectados durante estos años debido a la
pandemia.
En este punto, debemos indicar que Magallanes tiene una cobertura muy superior a la media nacional.
Los
recursos destinados a la educación parvularia corresponden a otra
falencia que es indispensable superar, pero no solamente es eso; también
es importante la forma en que se destinan esos recursos.
El
sistema educativo no funciona aislado del resto de la estructura social
en la que estamos inmersos, forma parte de este y asimila también los
efectos del todo, así es como un contexto de violencia e inseguridad,
inevitablemente repercutirá en la educación de manera transversal.
Enfocarnos
en resolver los temas pendientes en educación, y volver a poner el
acento en la educación parvularia e inicial, de manera articulada con
la educación superior, es un objetivo que debería concentrar nuestra
atención e invitarnos a una reflexión colectiva y participativa sobre
cómo contribuimos a su mejoramiento.
La
educación, requiere una revisión profunda que permita implementar
nuevos escenarios sobre los cuales establecer un sistema actualizado,
que considere las necesidades, intereses y expectativas de los
educandos, en sus diversos niveles o ciclos.