Educación y tecnología: el otro reto que nos impuso la pandemia

La
tecnología ya es una parte fundamental de la educación desde hace una
década, pero ha cobrado un papel protagónico desde que cerraron las
escuelas a consecuencia de la pandemia por Coronavirus. Pasó de estar
presente en los contenidos que los estudiantes debían aprender, a ser
parte de la logística diaria de las familias, lo que dejó en evidencia
la gran desigualdad en el acceso a las tecnologías que hoy existe en
Chile.

Según
cifras publicadas por Unicef del año pasado, la pandemia obligó a más
de 154 millones de estudiantes y profesores de Latinoamérica y el Caribe
a adaptarse a las clases a distancia, un escenario absolutamente sin
precedentes en la historia del continente y que sería difícil de
afrontar debido a que las condiciones de tecnología y conectividad no
son las óptimas en toda la región, ni todas las familias tienen acceso a
ellas.

De
hecho, el Instituto de Investigación y Desarrollo Educacional de la
Universidad de Talca, en una publicación de marzo de este año, estimó
que 80 mil estudiantes dejaron de asistir a todo tipo de actividades
educativas, mientras que hay otro grupo de entre 90 y 100 mil
estudiantes, que han estado en situaciones muy precarias o nulas para
poder conectarse a clases en línea.

Hoy,
comenzado el segundo semestre y con parte de los estudiantes volviendo a
las aulas, podemos decir que la pandemia impuso un desafío al mundo de
la educación y al país que estuvo muy lejos de superarse, a pesar del
esfuerzo de docentes, estudiantes y apoderados.

Desde
que la pandemia por Covid-19 obligó el cierre de los centros
educacionales, profesores y profesoras de diferentes países alertaron
acerca de la inviabilidad de las clases online en muchos sectores de
Chile y América Latina, adelantando un retraso en el aprendizaje de los
niños y niñas de los sectores más vulnerables.

En
ese momento, en Chile se repartieron insumos como tablets e internet
móvil a aquellas familias que no tenían acceso, sin embargo, estos
esfuerzos no fueron suficientes. Hoy, comenzando el cuarto semestre en
pandemia, hay marcadas diferencias en el acceso a las clases online, las
que profundizan aún más la brecha de aprendizaje que ya existía entre
estudiantes de mayores y menores recursos.

La
pandemia visibilizó aún más la brecha educativa, pero se transforma en
una gran oportunidad para que, tanto el Estado como el mundo
empresarial, trabajen en iniciativas que ayuden a revertir estos efectos
y entregarles las mismas oportunidades a todos los estudiantes.
Considerando que la situación de salud mundial seguirá generando
incertidumbres, hay que tomar decisiones que impacten en el largo plazo,
porque el desarrollo de nuestros niños, niñas y jóvenes no puede
esperar.

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