Este
miércoles la Cámara de Diputados aprobó en general el proyecto de ley
que persigue despenalizar el aborto hasta las 14 semanas de gestación.
Titular deprimente para aquellos que creemos y defendemos la dignidad
humana desde la concepción hasta la muerte natural de la persona humana.
Para otros, el avance de esta tramitación es un logro significativo,
fundamentado en una ética utilitarista de la dignidad humana, una
decisión fundada en una concepción de vida al más estilo del
costo-beneficio de los nonatos y las madres.
Lo
cierto es, que el deterioro en la aprobación de políticas abortistas en
cuanto a la concepción teórica, ideológica y legislativa, van de la
mano con una constante profundización de filosofías y concepciones
antropológicas distorsionadas sobre la persona humana. No es sorpresa
que comenzaron hablando del aborto en tres causales, para luego pasar al
aborto hasta las 14 semanas, luego, lo esperable, es que una vez
concretadas las 14 semanas buscarán presentar proyectos, para que
progresivamente se llegue al aborto sin límites de semanas o meses de
gestación.
Desde
la embriología y la biología misma, la cuestión desde cuando comienza
la vida no tiene cuestionamientos: la vida parte en la concepción. Allí,
donde comienza la vida, hay un ser humano en desarrollo. Desde la
filosofía, la cuestión se centra en la persona humana, y lo pregunta
inmediata es ¿Cuándo se es persona? e inmediatamente aparecen los
planteamientos: ¿somos personas cuando razonamos, en alguna edad
específica o cuando aparece la consciencia? Lo cierto es que la persona
humana existe en un cuerpo y que es propio de ese cuerpo hallarse
siempre en algún estado de desarrollo (Vial & Rodríguez, 2009).
El
tema central, sin duda, es ético. La perspectiva ética de la dignidad
humana sin duda sostendrá las decisiones legislativas que se toman para
aprobar el asesinato de nonatos. La dignidad humana es intrínseca a la
persona humana, por ende, todo ser gestado, todo nonato, desde su
concepción es un ser con dignidad, que tiene valor y ese valor ha de
respetarse, defenderse y promoverse. El utilitarismo sostiene, que
aquella dignidad no depende de lo intrínseco de la persona humana, sino
más bien, por aquel mal o bien que pudiera producir el embarazo en la
madre, en el niño o en la sociedad. Es aquí donde se esgrimen argumentos
como que el niño solo vendría a vivir en la pobreza; o si tiene
malformaciones o enfermedades asociadas en gestación, como viene
“dañado”, mejor que muera y no nazca; o también aquellos famosos
argumentos donde se dice que es la mujer quien decide sobre su cuerpo,
omitiendo que está matando una vida por su “decisión personal”.
En
este sentido, la vida humana no puede mirarse desde una mirada
utilitarista. La persona humana y su naturaleza, la cual es digna,
trasciende y tiene supremacía en este mundo ha de defenderse como
corresponde, el hombre responde a su naturaleza, a su propósito de vida,
al cual su naturaleza lo invita: que es la búsqueda de la felicidad, el
bien y la verdad ¿Cómo entonces, la persona podrá responder a su fin si
se le arrebata la vida desde sus inicios? ¿Quiénes somos nosotros para
restringir la vida del prójimo? ¿Qué autoridad moral tenemos para
asesinar al indefenso? Nuestro deber moral es la de defender la vida.
Tanto
la biología, filosofía y ética, así como la política y las leyes deben
respetar la dignidad humana. Bien definía ya, el filósofo y médico
inglés John Locke, en el derecho natural que toda persona tiene es el
derecho a la vida, la libertad y la propiedad. La defensa y promoción
del derecho a vivir es el respeto irrestricto de la vida del prójimo, y
absolutizar la libertad como fin es poner al individuo como ser sin
virtudes morales. La libertad sin responsabilidad es una libertad mal
entendida, somos seres racionales, pero razonamos moralmente, y en la
libertad debemos respetar la vida de la persona humana, desde su
concepción hasta la muerte natural. Bien dijo Friedrich Hayek que una
sociedad verdaderamente libre debe tener arraigada fuertes ataduras
morales.