Hace
un par de décadas no era imaginable estar analizando un tipo de cifras
dadas a conocer hace pocos tiempo y que nos llaman mucho la atención.
Las chilenas viven hoy una tendencia similar a lo que ocurre en Europa:
la tasa de fecundidad ha descendido a menos de dos hijos por mujer (1,6)
en los últimos años. Y una condición similar se comienza a observar
entre las jóvenes que postergan la maternidad para estudiar o trabajar.
Las explicaciones para este fenómeno son claras: los expertos relacionan
directamente el descenso en los embarazos con el uso de métodos
anticonceptivos. Cifras del Ministerio de Salud (Minsal) señalan que las
adolescentes que usan alguna forma de regulación de la fecundidad pasó
de 184.628 jóvenes, en 2012, a 253.399 usuarias del sistema, en 2020.
Las menores de 15 años que utilizan estos métodos llegan a 13.866 y
entre las de 15 a 19 años se llega a 191.533. Otro de los hechos que ha
influido fuertemente es que también está garantizado el acceso a la
“píldora del día después” en la red pública, cuya entrega ha crecido: en
2013 se entregaron 3.653 unidades a jóvenes de entre 15 y 19 años,
mientras que en 2019 fueron 8.193 dosis. El uso de este anticonceptivo
también aumentó en niñas entre 10 y 14 años. El 2016 fueron 472
adolescentes las que lo solicitaron, mientras que el año pasado fueron
1.064. Así, el consumo de este fármaco, entre jóvenes de 10 y 19 años,
pasó de 3.030 dosis en 2014 a 6.857 el año pasado, mostrando un
crecimiento sostenido. Nuestra población se está envejeciendo y eso en la Región de Magallanes y Antártica Chilena se nota mucho más.