A
finales de enero del presente año se filtra desde el ministerio de
Relaciones exteriores un audio de la Canciller Urrejola refiriéndose en
duros términos a Rafael Bielsa, embajador de Argentina en Chile, sobre
sus comentarios respectos al rechazo del proyecto Dominga.
Este
evento desata gran polémica en el ámbito político por la gravedad del
mal manejo de cancillería. El lenguaje empleado por la ministra al
referirse al embajador Bielsa, es un agravante al prestigio ganado por
la Academia diplomática que ensombrece la tradición en las relaciones
exteriores que tiene el país. Pero principalmente el problema radica en
la filtración del audio, grabado sin autorización en una reunión privada
de equipo, para hacerse público con algún fin personal que afecta de
por medio a cancillería.
Toda
la polémica que ha vivido la ministra se resume en la opinión de varios
excancilleres chilenos como bochorno histórico, una vulgaridad,
puerilidad e impericia. Es uno de los impases diplomáticos más fuertes
que ha vivido el Estado de Chile hasta ahora y lo protagoniza un grupo
político aficionado.
A
pesar de toda esta irregular gestión, desgraciadamente a la canciller
le sale barato, porque no renuncia y en ningún momento tuvo la intensión
de ello. Y frente al bochorno que trajo esta situación, debe haber un
responsable político más allá de la directora de comunicaciones, Lorena
Díaz.
La
canciller Antonia Urrejola debería hacerse una crítica o mea culpa por
la filtración de esas opiniones políticas, tomar alguna responsabilidad.
Eso sería lo ideal. Aunque estas filtraciones pone hincapié en una
actitud habitual del gobierno, no se castiga a nadie, simplemente el
presidente las dejará pasar, dando la impresión de no haber seriedad.
¿Es
por qué no tienen a más gente? ¿no quieren asumir la responsabilidad
política? ¿ven este tipo de respuestas como la forma normal de actuar?
Por cómo se están manejando las cosas en la política chilena, con este
grado de improvisación, sin responsabilidades políticas salvo una cara
sonriente y una disculpa, tal parece ser que esas preguntas son
afirmativas. Si el actual gobierno fuera ahora oposición, estarían
pidiendo la cabeza del ministro correspondiente y haciendo el ruido
suficiente, así como lo hicieron con la administración de Sebastián
Piñera.
Sin
embargo, la actitud del resto del sistema político es desconcertante,
les perdonan sus exabruptos y equivocaciones, cuando en la realidad
debieran estar haciendo exactamente lo mismo que hicieron ellos en su
momento.
Toda
la situación deja una vez más presente la inexperiencia del actual
gobierno. Existe un mal manejo en materias internacionales, en el modo
en que el gobierno interviene, opina o exige a sus pares de otras
naciones. Y profundizando más, las intervenciones presentes en el audio
demuestran la actitud de su política, la arrogancia e inexperiencia
presente en sus palabras. Quieren comerse el mundo sin tener la
habilidad y los recursos políticos para ello. Justifican sus deseos de
protagonismo, de intervención, sin considerar la tradición de trabajo
que tiene la nación.
Es
el modo nuevo de hacer política, un gobierno que comete errores casi en
todo. Una administración que está improvisando con ensayo y error,
clara y directamente. Sin lugar a dudas este tipo de anacronismos y
errores se pagan caro en materia internacional y en materias política
interna.
Afortunadamente,
esto no afecta nuestra relación bilateral Chilena y Argentina. Son años
de trabajo en conjunto que están por sobre malos entendidos del
momento. Y Argentina ha reiterado que no es motivo para romper
relaciones. Entonces, el gobierno debe agradecer que no pasara a
mayores y debe entender que ya no tiene tiempo para cultivarse e
instruirse, es tiempo para gobernar sin ensayar y equivocarse, sin
bochornos.