La
emergencia generada por la inmigración ilegal en Colchane puso una vez
más en evidencia que -para todos los gobiernos centrales- el cuidado de
las zonas extremas no es una preocupación permanente. En el caso que
aflige a nuestros conciudadanos de Tarapacá, la pregunta es ¿No es esta
zona la misma que emplea el crimen organizado para convertir nuestros
puertos en “exportadores“ de droga, y la misma utilizada por bandas
criminales para contrabandear automóviles robados a personas y empresas
chilenas? En el otro extremo del país, en la Patagonia, la Tierra del
Fuego y los espacios al sur del Canal Beagle, el balance en materia de
desarrollo fronterizo es igualmente deficiente. En la Zona Austral la
preocupación de Santiago se focaliza en acordar con Argentina
facilidades para el transporte de personas y vehículos. Si bien este es
un aspecto positivo, la cuestión es que las ventajas para Chile se
detienen en el Estrecho de Magallanes: al sur, todas las ventajas son
para Argentina. Mientras en el Estrecho, Chile mantiene un sistema de
trasbordadores y ha pavimentado 130 kms de ruta hasta la frontera para
servir al tráfico pesado que abastece a Río Grande y permite a Ushuaia
consolidarse como factor Antártico (en desmedro de Punta Arenas y Puerto
Williams), el Paso Fronterizo Puerto Almanza-Puerto Williams pactado en
1997 para facilitar el aprovisionamiento básico de nuestros
compatriotas en Puerto Williams, nunca funcionó. Así, mientras la Tierra
del Fuego argentina se posiciona como potencia austral y antártica, la
Tierra del Fuego chilena y nuestros territorios al sur del Beagle
languidecen. Si bien los atractivos de estos territorios para una oferta
turística de clase mundial son extra-evidentes, la carencia de una
política de Estado chileno, basada en un concepto geoeconómico,
geopolítico y geoestratégico de largo plazo, sigue condenándola al
despoblamiento o, en el mejor de los casos, al beneficio de dos o tres
empresas y ciertas ONGs extranjeras. Ninguna `ley de excepción´ ha
logrado cambiar esta realidad. Hace 40 años el Estado visualizó la
importancia de un camino para conectar el Estrecho de Magallanes con el
Canal Beagle y Puerto Williams, para así afirmar nuestra ocupación y
continuidad territorial. Para entonces Ushuaia contaba con menos de 10
mil habitantes, mientras que Puerto Williams era una base naval de 3 mil
personas. Cuatro décadas más tarde, mientras en la Tierra del Fuego
chilena dicho camino está aun en construcción y nuestra ciudad más
austral no sobrepasa las 2.500 almas, Ushuaia bordea los 80 mil
habitantes. Presidentes y decenas ministros, subsecretarios y
parlamentarios han visitado las obras del camino que debe permitir la
conexión terrestre con el Canal Beagle para, enseguida, abastecer a Puerto
Williams. A pesar de los esfuerzos de Cuerpo Militar del Trabajo,
ninguna de estas `visitas de trabajo´ ha logrado acelerar resultados.
Siendo optimistas, una vez concluida la conexión terrestre que para
acceder a nuestro finis terrae sudamericano, las oportunidades para la
inversión privada serán simplemente irresistibles: La Cordillera de
Darwin con su belleza superlativa y sus laderas para centros invernales
que -como los de los Alpes- `miran hacia el sol´, las estancias
fueguinas con sus tradiciones y gastronomía imposibles de olvidar, el
Canal Murray, los archipiélagos del Cabo de Hornos, las galerías de
ventisqueros de ambos brazos del Canal Beagle, los numerosos sitios de
importancia arqueológica e histórica y las áreas de biodiversidad única y
comprobado interés mundial, estarán allí para aquellos que quieran
invertir para engrandecer a Chile. Entonces, en lugar de una lenta
navegación de 36 horas, a través de un camino seguro y de inenarrable
belleza, nuestros compatriotas de Puerto Williams podrán -en 11 horas de
trayecto- abastecerse con normalidad, al igual que hoy, gracias a la
contribución de sucesivos `estrategas´ de La Moneda y del MOP, lo hacen
Río Grande, Tolhuin y Ushuaia. A de diferencia de los actuales (y la
mayor parte de los pasados), una nueva generación de líderes
magallánicos debe ser capaz de hacer ver en Santiago y Valparaíso que la
Tierra del Fuego chilena y los territorios al sur del Canal Beagle
(incluida la Antártica Chilena) contienen un enorme potencial para
contribuir al bienestar de toda la República. Esos territorios deben ser
partes de un corredor que comience en el Campo de Hielo Sur, continúe
en el Parque Torres del Payne, e incluya el uso inteligente y
sustentable de los activos escénicos y humanos
de una Región singular y rica en tradiciones, que, solo en su
superficie sudamericana es equivalente a, por ejemplo, el territorio de
Grecia. Las oportunidades serán enormes.