Planear las vacaciones, realizar compras de Navidad, hacer el balance del año con el cansancio acumulado, convierten al último mes del año en los más tensos y estresantes. Incluso la Navidad, una fecha para el recogimiento, se ha convertido en un motivo de tensión.
El psiquiatra del Hospital Clínico Universidad de Chile, doctor Jaime Solís, dijo al respecto que “en psicología y psiquiatría clínica se habla del concepto de trastorno adaptativo, es decir, cuando una persona tiene una serie de condicionantes ambientales que aumentan el nivel de complejidad frente a las labores que se deben realizar, pero siente que sus capacidades están muy por debajo de lo normal, y tiene la sensación permanente de andar como sobredemandado: esto es lo que gente denomina estrés”.
A ello debemos agregar el cansancio, agobio y una especie de “desesperanza” al hacer el balance de lo bueno y lo malo del año, las metas cumplidas y lo que quedó pendiente. Pero no se debe perder la paciencia, pese a que la presión más grande que nos genera a todo ser humano es el cumplir con lo que la vida nos exige, cumplir con todos, con la familia, los amigos. Esta sensación responde a las demandas internalizadas del tipo: “Siento que tengo que hacer tales cosas”.
Por eso hay que tomarse todo con un poco más de calma, porque el estrés lleva a situaciones límites cuando la persona se siente amenazada y por lo tanto, se tensa, sin entender bien el por qué. Magallanes es aún una región donde se puede compartir más en familia. Y no se trata de mirar el vaso medio lleno, pero en vez de quejarnos por muchas de las incomodidades que podemos tener al vivir en la zona más alejada del país podemos vanagloriarnos por las facilidades que tenemos de permanecer más horas al día con las personas que más importan.
Quedan pocos días y es sólo deber nuestro el saber manejar estas situaciones que nos provoquen tensión y dar las gracias por lo provechoso que pudo haber sido el año a punto de finalizar.