El
congreso del futuro es un espacio gratuito, abierto a la comunidad del
país, donde convergen científicos y humanistas destacados en sus áreas
de investigación, estudiantes, jóvenes, dirigentes políticos, académicos
y público en general, para discutir acerca de los dilemas y desafíos
que el futuro nos plantea como humanidad. Nace como una idea transversal
impulsada por la Comisión Desafíos del Futuro del Senado de la
República, junto con la Academia Chilena de las ciencias y el Gobierno
de Chile, en el marco de la celebración del Bicentenario del Congreso de
la República de Chile en el año 2011.
Se
han visto muchas temáticas a lo largo de los años, desde el cambio
climático, los efectos de la pandemia a cambios económicos. Este año, el
tema principal se relacionó con el metaverso y las oportunidades que
representa la virtualidad en materias de tecnología. De estas
dimensiones digitales, no reales, y de cómo afectan nuestra realidad
tangible.
Sin
embargo, a pesar de su gran relevancia en la difusión y debate público a
nivel internacional, el Congreso del futuro se ha vuelto en una especie
de metarverso del mundo político chileno, un mundo virtual para
difundir lo que se quiere lograr con los avances de la ciencia y las
nuevas tecnologías. En donde parlamentarios y parlamentarias nacionales,
pretenden dar a conocer una especie de realidad alternativa en las que
podremos hacer las mismas cosas que hacemos hoy, dejando fuera los
entorpecimientos que crean la disputa y el debate político. Una especie
de, si siguiéramos estas indicaciones todo sería mejor.
Podríamos
pensar que es positivo utilizar esta tecnología en un metaverso, aunque
no particularmente de naturaleza política, sino en uno que busque
validar un discurso pro tecnológico que podría ser de interés para
resolver ciertos debates. Sin embargo, en el fondo lo que se quiere es
utilizar a la ciencia políticamente, algo evidentemente grave de acuerdo
a la epistemología.
La
epistemología es la rama de la filosofía más relevante desde el punto
de vista científico, porque se encarga de analizar la validez o los
fundamentos en los que se apoya el proceso de creación del conocimiento,
pensamiento u origen de la ciencia. Más aún, es quien determina las
bases para cuestionar que la misma no esté politizada y que no sea
utilizada como herramienta de propaganda, así como tampoco de soporte
político de un gobierno o de partidos políticos.
Es
decir, en base a lo que hemos presenciado con el Congreso futuro y lo
recién postulado, los distintos gobiernos desde su inauguración han
tratado de dar un sello politizado de cómo quieren ver la ciencia, que
desgraciadamente sólo acaba en la propaganda.
Este
gobierno en particular entiende que la divulgación es importante para
vender humo, esa es su especialidad. Así usan este metaverso como
concepto, evidentemente moderno y tecnológico para vender más tecnología
y vender este apego por las ciencias. De esa manera, establecen una
marca de gestión, o de visión país, reconocible para todos.
Por
otro lado, tenemos muchos personajes del Congreso Nacional
involucrados, gestores y difusores de esta iniciativa, destacando a
Guido Girardi, ex presidente del Senado, y Patricio Melero, ex
presidente de la Cámara de diputados. Ambos son los políticos que más se
han mostrado interesado en la ciencia, quizás de los pocos que han
hablado de estas materias en el parlamento, sin recibir mucho apoyo o
interés a cambio. No obstante, se prestan continuamente a representar y
difundir este Congreso del futuro, directamente vendiendo este
metaverso, que sin duda a ellos y a otros les trae beneficios políticos.
Entonces,
eso es lo que hay que ver y reconocer. Si todo esto se va a traducir en
tecnologías aplicadas, modernas, coherentes y beneficiosas para el
desarrollo del país, o simplemente le servirá de espuma a un grupo de
personas que tienen intenciones políticas determinadas, independiente de
su ubicación en los espectros de visión. Esa es la gran pregunta. Hasta
el momento, gana más el beneficio político.