El futuro de Magallanes en sus aulas

La
niñez siempre ha sido considerada la época o momento de nuestra vida
trascendental, única e inolvidable. De ella guardamos los mejores
momentos y experiencias que nos han de acompañar en el derrotero de
nuestra vida.

Nuestro
entorno familiar, navidades, cumpleaños, escuela, vecinos, juegos y
otros, forman parte del bagaje de experiencias acumuladas que generan
la base estructural de nuestras conductas venideras. Por ello que de
tanto en tanto, hacemos alusión al rol protagónico que juegan nuestros
progenitores en nuestros primeros años.

A
menudo tenemos acceso a experiencias que han marcado negativamente a
nuestros niños y niñas, y que deben cargar aún, en su vida adulta. Por
eso que hoy, valoramos todo esfuerzo y energía que se invierta en favor
de la niñez, sabiendo que es aquí, en donde se conforma la personalidad y
la salud de los sujetos.

Por
esta razón es que, el sistema educativo adquiere una relevancia que no
puede ser remplazada. Los espacios educativos especialmente que estén
dotados no tan solo de infraestructura, sino que además tengan a las
personas y agentes de cambios, de excelencia y capacitados, serán los
lugares que mejores respuestas podrán entregar a las necesidades de sus
comunidades, y en particular, a su población más joven.

Docentes,
funcionarios dotados de convicción y vocación por lo que hacen y cómo
lo hacen, provistos de una empatía a toda prueba; de un grado de
sensibilidad y amor por los pequeños, que les permita acogerlos sin las
odiosas discriminaciones y prejuicios que resultan ser las mochilas
sociales y que estigmatizan a tantos niños (as) hoy en día, serán esa
segunda o primera familia que de mejor manera comprenderá a sus
estudiantes.

Y
traemos a colación esta reflexión, porque nos parece altamente positivo
cuando un establecimiento educativo y tan emblemático como la Escuela
18 de Septiembre, genera una actividad recreativa y de esparcimiento
para sus niños pero también para todos sus vecinos del entorno
inmediato.

Porque
una escuela no es una infraestructura aislada o vacía, es por el
contrario, parte integrante de esa comunidad, de los vecindarios. La
dinámica que se genera en esa relación escuela-comunidad, debe ser el
motor que impulse a sus habitantes a soñar, a crecer en conjunto por el
beneficio de los futuros jóvenes y adultos.

En
1989 la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU), aprobó la Convención
sobre los Derechos del Niño. Al año siguiente, Chile, ratifica el
convenio, asumiendo un compromiso, el interés superior del niño,
estableciendo mecanismos y herramientas para garantizar sus derechos.

Acceso
a la educación y la salud, crecer en ambientes sanos, promover su
desarrollo personal forman parte de la red de derechos que deben ser
cuidados y para ello, las instituciones deben estar a su servicio.

Finalmente,
eso es lo que debemos hacer, en los roles de padres, madres o tutores,
en el ámbito educativo, en las áreas de la salud o el deporte, por
mencionar solo algunos, los adultos tenemos un deber y una misión que se
debe poner en práctica de manera permanente. El cuidado de las niñas,
niños y adolescentes debe ser el norte que guíe nuestras acciones y
decisiones.

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