El imprescindible capital humano

Hace
poco, en una de estas columnas, subrayaba la necesidad de contar con
recursos humanos adaptados para nuestro desarrollo. Como el asunto es
apremiante, me permito insistir.
Una
importante empresa internacional se desplazó recientemente hasta
Magallanes con el fin de evaluar una iniciativa de inversión. Hablamos
de decenas de millones de dólares. Existen las condiciones para que esta
inversión se materialice y, de concretarse, sería una fuente importante
de empleos y de ingresos para la región. Ello siempre y cuando el
proyecto no se entrampe entre autorizaciones y estudios de impacto,
tantas veces disuasivos. Los primeros análisis se topan, sin embargo,
con un factor que inhibe bastante el proyecto y que algunos observadores
han venido majaderamente denunciando: la falta de mano de obra
cualificada.
Captar
inversión privada es una competición permanente entre los países. El
Gobierno —contra una parte de su propia coalición— parece estar
comprendiendo la necesidad de fomentar las inversiones extranjeras. Los
reiterados llamados a los inversionistas formulados por el Presidente,
tanto en los Estados Unidos como en Tailandia, así lo demuestran. Solo
que la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales que dirige
Miguel Ahumada viene a menudo a complicarle bastante la tarea. En tales
condiciones, la acción del Ministro de Hacienda para concretar
proyectos, se hace cada vez difícil. Para todo inversionista, las
declaraciones y buenas intenciones no son suficientes. Los países están
obligados a crear un clima de seguridad política y jurídica que sea
atractivo para el inversionista; clima que implica también definir una
estrategia de desarrollo del capital humano, lo que aún dista de ser el
caso en nuestro país. La mano de obra es un componente central de los
negocios, ya que dice relación con la productividad de los mismos. Su
adaptación es entonces una cuestión que debiera preocupar a las
autoridades y a todos los actores. Visiblemente, con lo que hoy contamos
no es suficiente. Sabemos que en nuestra región existen sectores
industriales con carencia de personal adaptado, lo que obliga a veces a
traerlo desde otras partes. Esto, por cierto, penaliza la inversión, ya
que incide substancialmente en sus costos. Magallanes también pierde, ya
que una parte de lo que se genera no beneficia directamente a la
región.
¿Problema
demográfico? ¿Falta de interés por empleos de mediana remuneración? Si a
ello agregamos que una parte de los jóvenes emigra para estudiar en
otras ciudades, probablemente, las tres hipótesis expliquen algo este
cuello de botella. Sin embargo, a nuestro entender, existe otra razón
más importante: la inadecuación entre la demanda de mano de obra de las
empresas y la oferta de un mercado laboral con insuficiente capacitación
de trabajadores en los sectores de alto potencial. Aquí no hablamos de
“títulos, magísteres ni doctorados”, sino de las competencias de
operarios, supervisores y técnicos; concretamente, aquellos que deben
diseñar, planificar, ejecutar, controlar, mantener maquinarias y líneas
de pro
ducción, atender al cliente, conducir, asegurar la calidad de productos o procesos. En
nuestra zona, los jóvenes asisten a colegios donde la enseñanza
pareciera ser correcta. Comparándonos con otras ciudades, no lo hacemos
tan mal que digamos. Pero, ¿qué sucede después? La orientación
profesional a estudiantes y padres siendo escasa y deficiente, la
propaganda de universidades e institutos termina por condicionar la
elección de la carrera. No es de extrañarse que ésta no tenga el campo
profesional que le “vendieron”, lo que termina por ser un fraude para el
estudiante y un despilfarro económico y social. Largas y costosas para
las familias y el Estado, algunas carreras conducen directamente a la
cesantía. Sabemos que nos faltan garzones que sepan explicar un plato y
expresarse con claridad, que manejen idiomas. No contamos con
suficientes vendedores amables en las tiendas, con electricistas,
electromecánicos, operarios, soldadores, choferes de camiones y
máquinas, conductores de líneas, técnicos logísticos,
etc. Consideramos que es de extrema urgencia que el Sence y el Mineduc,
asociando a los agentes económicos, definan seriamente las necesidades
presentes y futuras del mercado laboral regional y se ejecuten programas
de capacitación/
formación/adaptación/reconversión
que apunten directamente al empleo. Cuidado: el desarrollo de
Magallanes podría estar altamente comprometido a corto plazo.

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