El legado político de Revolución Democrática

El
pasado 20 enero el presidente Gabriel Boric celebró junto a su
coalición de gobierno el aniversario de Revolución Democrática (RD), el
partido más grande del Frente Amplio y el que más controversia ha
generado. Tras finalizar el evento, refiriéndose sobre la corrupción por
el caso convenios declaró que “sería un error profundo juzgar un
partido de doce años por un momento en particular”.

Los
partidos políticos se valoran de acuerdo a su importancia, a la
relevancia de su cultura política, a la influencia sobre la ciudadanía y
al accionar de sus miembros o militantes. Cuando se cae en la
corrupción ningún partido es bien visto, porque la ciudadanía pierde la
confianza depositada en ellos. Recuperarla parte por revisar el peso de
la historia vivida para separar las manzanas podridas de las que no lo
están, ver la obra, su historia, ideología, sobre todo su profundidad de
cultura política.

Sin
embargo, se consigue cuando hablamos de partidos de mucho más años,
tales como los partidos Radical, Socialista, Demócratas Cristianos y
otros, que juntos suman más de un siglo. Su experiencia les permite
ciertos tropiezos, porque el tiempo y experiencia sobres ellos les
brindan una base política arraigada profundamente en la población que no
poseen partidos en formación como RD, que por el contrario, son más
bien una plataforma electoral para sus líderes estudiantiles.

Entonces,
más allá de las palabras de buena crianza y protocolares del presidente
Boric, aquí se hace un abuso del concepto de cultura política. Boric
tiene una arbitrariedad sobre el partido RD, que con toda legitimidad
podemos cuestionar, especialmente sobre la herencia política que dejará
tras el gobierno del Frente Amplio.

Es
cierto que la corrupción no es algo ajeno a los partidos. Todos
transitan por distintas etapas, pero han dejado cosas indiscutibles,
imágenes tangibles para la cultura política en algún momento de su
historia. Por ejemplo, Renovación Nacional viene del Partido Nacional
conservador y liberal que mantuvo algo positivo de su fundador y primer
presidente, Ricardo Rivadeneira, el ser un partido dialogante. En
palabras de su fundador “se abrirá un amplio diálogo con los partidos”,
frase que sigue siendo aplicada al interior de RN. Mario Desbordes
mantiene esa fidelidad a la línea y tradición buscando constantemente el
diálogo, la apertura, la conversación y eso que es un partido con 37
años desde que se inició la democracia.

Al
mismo tiempo, los Radicales con cerca de 100 años en la política fueron
la principal fuerza política del país gracias a sus tres
administraciones seguidas, las cuales promovieron la industrialización y
la educación al servicio de los intereses populares. Dejaron una
herencia en la educación que es incuestionable, una cultura política
ligada al conocimiento y la representación de la clase media. Movilizó a
partidos, movimientos, gremios y en conjunto desarrollaron un proyecto
de progreso donde la educación pública era el pilar para conseguir la
justicia social.

De
igual manera, el Partido Socialista con 91 años de existencia y pese al
fracaso de la Unidad Popular, heredó toda una política de organización
sindical, una estructura política y una disciplina partidaria. Además,
el mea culpa institucional les permitió el desarrollo político e
intelectual actualizado para desenvolverse como social democracia. Y así
podemos seguir con otros partidos.

Entonces
que vamos a heredar de Revolución Democrática, cuando en este momento
político el Frente Amplio (FA) ha demostrado fehacientemente que no
estaba preparado para gobernar el país y que no es ni por asomo lo que
todos esperábamos. En este escenario, RD destaca por su falta de
aptitud, las improvisaciones, la incoherencia interna y el relato
político poco serio, exponiendo la inexistencia de una cartografía que
acomode su acción política desde el Gobierno.

Se
evidencia así, como consecuencia directa de sus fallas formativas y una
larga acumulación de errores, que la imagen proyectada será la de la
corrupción, el abuso de poder, la altanería y la arrogancia. Al final de
cuentas, RD se enfrenta a su incapacidad de conseguir la proliferación
de identidad partidaria entre generaciones que le permita una madurez
política.

Contenido relacionado

Envíanos tu denuncia o información AVISOS ECONÓMICOS