El mar como protagonista natural de nuestra historia

“Por
el valle claro llevan a enterrar al hombre que nunca divisó la mar”. El
célebre poeta rancagüino Óscar Castro, en su breve poema, Pequeña
Elegía, describe la realidad de quien vivió exclusivamente para y por la
tierra. “Cosechó los trigos de ajena heredad y se fue apagando corazón
en paz”. Lenta y silenciosamente, la vida del protagonista se fue
extinguiendo sin tener algún conocimiento de la existencia de ese otro
elemento llamado mar.

Para
quienes hemos tenido ese privilegio de haber nacido en sector costero y
desde pequeños, familiarizados con las bondades que emanan de ese mar
que tranquilo baña nuestras costas, podemos reconocer el valor que
significa el mar para la vida de las familias en muchos aspectos.

Esos
más de cinco mil kilómetros de costa, no quedan indiferentes para un
país vinculado estrechamente con su mar. Nuestra historia no puede
comprenderse ni explicarse sin una relación directa a ese amplio manto
que nos acompaña de extremo a extremo.

Parte
elemental y distinguida de la identidad nacional, base económica,
objeto político, histórico y social de la nación, el mar ha estado
siempre ahí como testigo, a veces silencioso y otras no tanto, del
desarrollo de las chilenas y chilenos.

Nuestro
extenso litoral, de Norte a Sur, ha permitido que determinados grupos
familiares chilenos, hayan hecho de él, un campo para cultivar y de ahí
extraer desde sus profundidades, los recursos que permiten enriquecer y
variar la dieta de sus connacionales. Ese es otro mundo, otra
experiencia que en ocasiones obliga a ofrecer pelea y liberar enconadas
luchas con el bravío mar para extraer los recursos necesarios.

Ese
mar, el mismo que Prat y sus hombres tuvieron como escenario bélico en
la rada de Iquique y en donde en condiciones muy adversas y diferentes
les correspondió enfrentar todo un ambiente hostil, por razones y
circunstancias también muy diversas.

La
historia política, social y económica de la época pone de manifiesto
los intereses desmedidos de los actores en aquel conflicto. Por lo
tanto, hoy como ayer, corresponde ofrecer un sentido homenaje a quienes
ofrecieron sus vidas en aras de los intereses de la Patria. Noble y
sublime gesto que aun transcurrido el tiempo, prevalece en la retina y
corazón de los chilenos.

Desde
otra perspectiva, la ciencia y la academia nos han enseñado a
comprender la importancia del mar a partir de la protección de la
biodiversidad que allí habita, sus aportes para una mejor convivencia a
partir de estudios e investigaciones constituyendo un verdadero
laboratorio natural para la vida y salud de las personas.

Particularmente
en Magallanes y su amplio territorio se entienden desde el mar con sus
primeros habitantes y posteriormente, con las navegaciones que nos
comienzan a ligar con el resto del país y el mundo.

Así
es como, resulta una conexión natural e indisoluble entre el hombre y
el mar que hoy tenemos la fortuna y gracia de apreciar, preservar y
poner en valor una vez más, con el mismo espíritu de agradecimiento que
esperamos poder seguir transmitiendo desde cada lugar elegido, como lo
hacen las escuelas, la Armada de Chile, la comunidad científica, el
sector pesquero, los representantes de los pueblos originarios, el arte y
la cultura con sus representaciones, y todos aquellos que de una u otra
manera reflejan esa conexión que nos acompaña.

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