En
septiembre de 2012, el ex senador del Partido Socialista, Camilo
Escalona, dijo que plantear la creación de una Asamblea Constituyente
era como “fumar opio”. Por cierto, sus dichos tuvieron la inmediata respuesta del exconvencional
Constituyente y abogado Fernando Atria, quien se apresuró a sostener
que los dichos de Camilo Escalona, había que interpretarlos en el
sentido que plantear una Asamblea Constituyente, “desde el punto de
vista de la mantención de la gobernabilidad era irresponsable”. La
falta de motivación por generar una nueva constitución lo hizo criticar
duramente a Camilo Escalona, al agregar que ésta era una mirada bien
miope porque los países que tienen sistemas democráticos establecidos,
para tenerlos, quienes originalmente tenían privilegios, tuvieron que
perderlos».
Continuó
este debate y el ex senador Escalona, ante la instalación de la
Convención Constitucional , terminó por sucumbir a los opioides, se
retractó de sus expresiones y abogó por la unidad de todas las fuerzas
democráticas y manifestó en ese contexto que ”la Convención
Constitucional y la redacción de la nueva Constitución es el principal y
más grande objetivo, en décadas, de la oposición”.
Agregó,
que la Convención Constitucional era el fruto del estallido social y
que le llamaba la atención que la derecha lo entienda perfectamente
bien y me duele que nosotros no tengamos esa capacidad de entendimiento,
refiriéndose a las fuerzas democráticas y de centro -izquierda.
El
problema fue que al parecer Camilo Escalona, marca registrada en la
política chilena y en el Partido Socialista, tenía razón, los opioides
estaban presentes pero los consumieron otros en la Convención
Constituyente, donde las fuerzas democráticas de la centro -izquierda no
tuvieron la fuerza para frenar sus efectos, y efectivamente los
opioides hicieron su trabajo, proporcionaron un alivio transitorio al
dolor crónico de años de desigualdades y frustraciones políticas,
inspiraron los delirios más increíbles, y lo peor su consumo en exceso
provocó en la centroizquierda excesiva tolerancia, y hasta dependencia,
sometimiento y adicción, sometiéndose con pasividad a los efectos de
esta adicción. El efecto hedónico del consumo duro poco, fue duramente
tratado el septiembre del pasado año y concluyó el siete de mayo del
presente. El retorno a la realidad impone un duro proceso de
rehabilitación y abstinencia en el consumo, lo que se ve difícil pues la
somnolencia y el delirio continúan, y lo más probable quien tienen
privilegios los conservaran, y conforme al razonamiento de Fernando
Atria, no tendremos un nuevo sistema democrático, al menos como el nos
indica.